Tratamiento de la cirrosis

Marcos Pedrosa 31 diciembre, 2017
Unos buenos hábitos de vida son la base para evitar la aparición de cirrosis hepática.

Dado que no existe una cura para este padecimiento, el tratamiento de la cirrosis es meramente paliativo; es decir, está destinado a atenuar los síntomas de la enfermedad y a procurar que el paciente tenga un cuadro lo más estable posible.

Es necesario recordar que son muchísimas las sustancias y enfermedades que pueden conducir a una alteración hepática. Si el daño es puntual y limitado, el hígado es capaz de regenerarse. No obstante, si existe una reincidencia, el hígado no consigue repararse, con lo cual se produce la cicatrización del mismo. Una vez que esto ocurre, el tejido cicatrizado es afuncional y desestructura el órgano, lo que puede llegar a generar un cuadro de cirrosis hepática.

Las causas más frecuentes de cirrosis son los daños derivados del etilismo crónico (consumo de alcohol de forma crónica), la esteatosis hepática (hígado graso) así como la infección por hepatitis C o B. En este sentido, por lo general, una cirrosis tarda más de 6 meses en desarrollarse una vez que aparece la afectación hepática.

¿Qué entendemos por cirrosis hepática?

Qué entendemos por cirrosis hepática

El término ”cirrosis” hace referencia a la deformación de la estructura hepática que aparece cuando una gran cantidad de tejido es sustituido de forma permanente por tejido cicatricial, el cual es incapaz de ejercer sus funciones.

Sin embargo, la adherencia adecuada al tratamiento y unos hábitos saludables pueden lograr una mejoría de los síntomas, con lo que el paciente puede llevar una vida normal. Cuando la cirrosis no es descubierta a tiempo, el pronóstico es menos favorable y aparecen con más frecuencia complicaciones como hemorragias y ascitis.

Ver también: Causas, prevención y tratamientos de la cirrosis

¿Cómo diagnosticar una cirrosis?

Cómo diagnosticar una cirrosis

El diagnóstico de cirrosis se realiza a partir de la exploración física del paciente y de la sintomatología que presente el mismo. Asimismo, se evalúan los antecedentes clínicos y, en especial, aquellos factores de riesgo, como es el consumo de alcohol. Seguidamente, se pautan análisis de sangre para evaluar el hígado y demás valores.
Cabe destacar que la sensibilidad de estas pruebas es escasa, por lo que frecuentemente suelen dar resultados negativos. Por otra parte, en una analítica de sangre, si las transaminasas son elevadas, estas encaminan hacia una hepatitis
A menudo durante la exploración física se detectan problemas que son consecuencia de la cirrosis, como por ejemplo:

  • Aumento del tamaño del bazo.
  • Hinchazón abdominal.
  • Ictericia.

El hígado puede realizar sus funciones incluso contando con un 20% de su integridad total.

Para el diagnóstico de una cirrosis también se recomienda solicitar estudios más profundos, como una ecografía o una tomografía axial computarizada (TAC), ya que estos permiten establecer si el hígado ha disminuido de tamaño o si presenta una estructura alterada, lo cual puede sugerir una cirrosis. A través de una gammagrafía  se puede ver qué zonas del hígado están funcionando y cuáles están completamente cicatrizadas.

Finalmente, si el diagnóstico es poco claro, el médico puede solicitarle al paciente que acuda aun laboratorio para realizarse una biopsia del hígado. Mediante esta prueba (y las anteriores) puede apreciarse no solo la existencia o no de cirrosis, sino también el agente causal de la misma, lo cual resulta de gran utilidad.

Tratamiento de la cirrosis

Tratamiento de la cirrosis

Tal y como se mencionó anteriormente, la cirrosis no tiene cura. El daño producido en el hígado es permanente y la terapéutica únicamente tratará de paliar sus síntomas. Por tanto, el tratamiento de la cirrosis consiste principalmente en:

  • La eliminación de la causa, ya sea el alcohol, fármacos, toxinas u otros agentes perjudiciales.
  • El tratamiento de las complicaciones.
  • El trasplante hepático.

Detener la cirrosis antes de que empeore, mediante la eliminación de la causa, suele ser el mejor abordaje de la enfermedad. De esta manera, evitamos daños adicionales y se permite la mejoría de la salud general del paciente. Por otra parte, el dejar de beber alcohol y administrar las vacunas convenientes de la hepatitis son otras medidas por las que debe optarse.

Las personas afectadas deben informar a su médico acerca de todos los medicamentos y suplementos que están tomando, ya que en un estado de cirrosis avanzada es posible que el hígado no sea capaz de metabolizarlos. En el caso de que no pueda evitarse su administración, tendrán que reducirse la dosis.

Te recomendamos leer: 7 señales de advertencia de que tu hígado está lleno de toxinas

 El tratamiento para las complicaciones consiste en:
  • Restricción de sodio en la dieta. El sodio favorece la acumulación de líquido en el organismo, algo propio de la cirrosis avanzada.
  • Complementos de vitaminas para satisfacer los déficits que puedan producirse, sobretodo de vitaminas liposolubles (A, D, E y K).
  • Fármacos betabloqueantes, los cuales reducen la presión arterial y disminuyen la posibilidad de hemorragias digestivas.
  • Laxantes como la lactulosa. La deficiente actividad del hígado hace que se acumulen sustancias tóxicas en el organismo, lo que puede propiciar la aparición de encefalopatía hepática. Para evitarlo se utilizan diversos tipos de laxantes orales o en enemas, con la posible administración concomitante de antibióticos.
Si el tratamiento de la cirrosis no resulta en el paciente, se procede a realizar un tratamiento quirúrgico; es decir, a realizar un trasplante de hígado. El trasplante se efectúa generalmente en función de la probabilidad de muerte de la persona si no lo recibe recibe, constituyendo la última vía de tratamiento.
Marcos Pedrosa

Farmacéutico. Leer, escribir e imaginar son mis tres pilares. Buscando constantemente aquello que me llene, promoviendo la salud y tratando siempre de mejorar.

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