Tratamiento de la difteria

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gerardo Paganeli el 22 noviembre, 2018
Marcos Pedrosa · 22 julio, 2017
La difteria es principalmente una enfermedad pediátrica y por esto la vacunación infantil cobra especial importancia.

El tratamiento de la difteria debe iniciarse siempre que exista la sospecha clínica de que nos encontremos ante la enfermedad. Esperar a la confirmación microbiológica puede ser fatal ya que su progreso es notable en muy poco tiempo.

La difteria es una enfermedad bacteriana grave muy poco frecuente en España. Esto es debido a que los programas de vacunación infantil incluyen la inmunización contra su agente causal. Este es el microorganismo conocido como Corynebacterium diphtheriae (bacilo de Loffler).

El Corynebacterium diphtheriae es un microorganismo Gram positivo. Forma parte de la familia de las corinebacterias.

La enfermedad consta de dos fases, una local faríngea y otra general. Esta segunda fase supone el desarrollo de una toxemia con especial tropismo por el corazón, nervios y riñón.

Además de la difteria respiratoria, existe la difteria cutánea. Esta puede desembocar en la aparición de una úlcera crónica adquirida por contacto directo con personas infectadas.

La enfermedad se transmite de persona a persona por contacto directo con lesiones de difteria cutánea o a través de fómites. Estos últimos son substancias que, unidas a cualquier bacteria, virus, etc., ayudan a su propagación.

Corynebacterium diphtheriae

La primera fase del diagnóstico es clínica y epidemológica. Con todo, es necesaria una confirmación microbiológica.

Para ello, se extrae y analiza en un cultivo de laboratorio una muestra del material extraído de la membrana de la garganta.

Tras el aislamiento es muy importante la detección de la toxina diftérica. Se trata de una potente exotoxina que nos permite identificar sin error el agente etiológico (causante) de la patología.

Tratamiento de la difteria: aspectos farmacológicos

Siempre con receta médica, las líneas generales del tratamiento suelen ser:

  • Antitoxina diftérica, un anticuerpo que neutraliza la toxina.
  • Eritromicina, antibiótico que constituye el tratamiento de elección.
  • Penicilina G, antibiótico asociado a eritromicina.

Antes incluso de comenzar el tratamiento de la difteria, es vital la administración intravenosa de la antitoxina diftérica. Esta procede de suero equino. Además, es útil para neutralizar la exotoxina producida por el microorganismo. Así, permite eliminarla antes de que actúe sobre las células del huésped.

Posteriormente, los dos antibióticos de elección en el tratamiento de la difteria son la penicilina y un macrólido. Estos pueden ser la eritromicina o la azitromicina. Este tratamiento se suele aplicar entre una y dos semanas.

Es importante mantener en buen estado las vías respiratorias de los pacientes con difteria respiratoria.

Dicha terapia nos permite eliminar el estado de portador. Además, supone otra vía para erradicar al C. diphtheriae del organismo. Así se concluiría la producción de la toxina.

bote de pastillas

Son medicamentos bastante seguros en su administración y, en principio, aptos para embarazadas. Sin embargo, se debe prestar atención a la posible existencia de alergias. La alergia a las penicilinas es una de las más comunes y peligrosas.

Al margen del tratamiento de la difteria escogido, es importante mantener en buen estado las vías respiratorias de los pacientes con difteria respiratoria.

Además, el reposo y el aislamiento del enfermo son fundamentales. Estos nos ayudarán a evitar la propagación secundaria del microorganismo.

Complicaciones

Las complicaciones de la difteria derivan de la diseminación de la toxina desde el lugar de infección local. Así, en un primer momento, esta afecta al miocardio, provocando miocarditis.

A continuación, pasado un tiempo en el que la toxina está latente, esta se extiende al sistema nervioso. Esto puede provocar parálisis del velo del paladar u óculomotoras o polineuritis periféricas.

Asimismo, también puede llegar al riñón (necrosis tubular). También, aunque es menos frecuentemente, puede afectar al hígado y las glándulas suprarrenales.

Por eso, es muy importante su tratamiento adecuado una vez que se ha diagnosticado esta enfermedad. Aunque lo mejor es evitarla por completo.

Para ello es fundamental la vacunación en la infancia. Esta es la mejor forma y la más eficaz para luchar contra la difteria.

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Vacunación frente a la difteria

Una vez recuperado, el paciente puede recibir inmunización contra el toxoide. Los enfermos no suelen desarrollar anticuerpos protectores tras la infección por lo que se trata de algo casi siempre necesario.

La vacuna frente a la difteria entra dentro de las llamadas vacunas inactivadas fraccionadas. Este tipo de vacunas están compuestas por bacterias o virus muertos o por fracciones de los mismos (polisacáridos, toxoides…).

doctora vacunando a niña

La difteria es principalmente una enfermedad pediátrica. Por eso, la vacunación infantil cobra especial importancia.

No obstante, la incidencia ha crecido entre los adultos en los lugares con programas de inmunización para niños. Este programa de vacunación ha sido clave. Así, este ha permitido la disminución de la prevalencia de la enfermedad en todo el mundo.

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La inmunización activa se efectúa mediante la administración del toxoide diftérico. La frecuencia de administración es, en principio, a los 2, 4 y 11 meses y a los 6 años.

Tras ese tiempo, se recomiendan dosis de recuerdo de toxoide diftérico y tetánico cada 10 años. La eficacia de la vacunación está documentada y la enfermedad actualmente se limita normalmente a los individuos no inmunizados.

Inicialmente, se inoculan tres inyecciones con los correspondientes antígenos de la tosferina y el tétanos, los tres forman la vacuna DTP o triple bacteriana. En España, esta vacuna se encuentra dentro del calendario vacunal infantil.

Las personas en contacto con los pacientes con difteria están expuestas al riesgo de adquirir la enfermedad. Han de tomarse muestras nasofaríngeas para cultivo de todos los contactos íntimos. Después de esto es recomendable instaurar la profilaxis antimicrobiana con los antibióticos antes mencionados.

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