Tratamiento de la difteria

La difteria es principalmente una enfermedad pediátrica y por esto la vacunación infantil cobra especial importancia.

El tratamiento de la difteria debe iniciarse siempre que exista la sospecha clínica de que nos encontremos ante la enfermedad. Esperar a la confirmación microbiológica puede ser fatal ya que su progreso es notable en muy poco tiempo.

La difteria es una enfermedad bacteriana grave muy poco frecuente en España. Esto es debido a que los programas de vacunación infantil incluyen la inmunización contra su agente causal, el microorganismo conocido como Corynebacterium diphtheriae (bacilo de Loffler).

La enfermedad consta de dos fases, una local faríngea y otra general. Esta segunda fase supone el desarrollo de una toxemia con especial tropismo por el corazón, nervios y riñón. Además de la difteria respiratoria, existe la difteria cutánea la cual desemboca en la aparición de una úlcera crónica adquirida por contacto directo con personas infectadas.

Corynebacterium diphtheriae es un microorganismo Gram positivo que se encuentra dentro de la familia de las corinebacterias. Son comunes en plantas y animales. También colonizan la piel y mucosas en humanos aunque la mayoría de las especies se comportan como patógenos oportunistas.

Tratamiento de la difteria II

Para el diagnóstico debe extraerse, en primer lugar, una muestra de exudado faríngeo. Tras el aislamiento es muy importante la detección de la toxina diftérica. Se trata de una potente exotoxina que nos permite identificar sin error el agente etiológico (causante) de la patología.

Tratamiento de la difteria: aspectos farmacológicos

Las líneas generales del tratamiento son:

  • Antitoxina diftérica, un anticuerpo que neutraliza la toxina.
  • Eritromicina, antibiótico que constituye el tratamiento de elección.
  • Penicilina G, antibiótico asociado a eritromicina.

Antes incluso de comenzar el tratamiento de la difteria, es vital la administración intravenosa de la antitoxina diftérica. Procedente de suero equino, es útil para neutralizar la exotoxina producida por el microorganismo antes de que actúe sobre las células del huésped.

Posteriormente, los dos antibióticos de elección en el tratamiento de la difteria son la penicilina y un macrólido. Este puede ser la eritromicina o la azitromicina, siempre durante un tiempo comprendido entre los siete y diez días.

Es importante mantener en buen estado las vías respiratorias de los pacientes con difteria respiratoria.

Dicha terapia nos permite eliminar el estado de portador y supone otra vía para erradicar a C. diphtheriae del organismo, concluyendo así con la producción de la toxina.

Tratamiento de la difteria

Son medicamentos bastante seguros en su administración y aptos para embarazadas. Sin embargo, se debe prestar atención a la posible existencia de alergias. La alergia a las penicilinas es una de las más comunes y peligrosas.

Al margen del tratamiento de la difteria escogido, es importante mantener en buen estado las vías respiratorias de los pacientes con difteria respiratoria. El reposo y el aislamiento del enfermo para evitar la propagación secundaria del microorganismo también son convenientes.

Vacunación frente a la difteria

Una vez recuperado, el paciente puede recibir inmunización con toxoide. Los enfermos no suelen desarrollar anticuerpos protectores tras la infección por lo que se trata de algo casi siempre necesario. La vacuna frente a la difteria entra entonces dentro de las llamadas vacunas inactivadas fraccionadas. Este tipo de vacunas están compuestas por bacterias o virus muertos o por fracciones de los mismos (polisacáridos, toxoides…).

Vacunación infantil

La difteria es principalmente una enfermedad pediátrica y por esto la vacunación infantil cobra especial importancia. No obstante, la incidencia ha crecido entre los adultos en los lugares con programas de inmunización para niños. Este programa de vacunación ha sido la clave que ha permitido la disminución de la prevalencia de la enfermedad en todo el mundo.

La inmunización activa se efectúa mediante la administración del toxoide diftérico. La frecuencia de administración es a los 2, 4, 6, 15 y 18 meses y a los 4 y 6 años. Tras ese tiempo, se recomiendan dosis de recuerdo de toxoide diftérico y tetánico cada 10 años. La eficacia de la vacunación está documentada y la enfermedad actualmente se limita a los individuos no inmunizados.

Inicialmente, se inoculan cinco inyecciones con los correspondientes antígenos de la tos ferina y el tétanos, los tres forman la vacuna DTP o triple bacteriana. En España, esta vacuna se encuentra dentro del calendario vacunal infantil.

Las personas en contacto con los pacientes con difteria están expuestas al riesgo de adquirir la enfermedad. Han de tomarse muestras nasofaríngeas para cultivo de todos los contactos íntimos. Después de esto es recomendable instaurar la profilaxis antimicrobiana con los antibióticos antes mencionados.

Marcos Pedrosa

Farmacéutico. Leer, escribir e imaginar son mis tres pilares. Buscando constantemente aquello que me llene, promoviendo la salud y tratando siempre de mejorar.

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