Tratamiento de la gastritis

María Vijande · 2 enero, 2018

El tratamiento de la gastritis consiste en la administración de diferentes tipos de fármacos y una serie de recomendaciones generales para facilitar al paciente el proceso digestivo (el cual suele ser deficiente cuando se tiene gastritis), así como dolores y molestias asociadas.

La finalidad de los distintos tipos de fármacos que se recetan está en combatir diversos aspectos: inflamaciones, dolor, malestar, entre otros que se expondrán en lo sucesivo con mayor detalle.

Tratamiento de la gastritis: medidas generales

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Así como se pauta un tratamiento farmacológico, el médico recomendará al paciente que tome una serie de medidas adicionales para garantizar una pronta recuperación.

Estas medidas no son más que hábitos de vida saludables que no solo aplican para el tratamiento de la gastritis, sino también para la vida diaria en general.

  1. Hacer comidas frecuentes y con cantidades prudentes.
  2. Evitar el consumo de alcohol.
  3. No comer alimentos ni muy fríos ni muy calientes.
  4. Evitar alimentos fritos, picantes, ácidos, demasiado condimentados, etcétera.
  5. No acostarse a dormir justo después de comer.
  6. Manejar el estrés de forma eficiente.
  7. Reducir el consumo de tabaco o bien abandonar el hábito de fumar.

Se trata de tener la disposición de querer cuidar del organismo y actuar consecuentemente. Recordemos, lo que debe primar siempre es la salud.

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Tratamiento farmacológico

Hoy en día disponemos de una amplia gama de medicamentos con los que se puede tratar la gastritis. Cabe destacar al respecto que, a pesar de que estos medicamentos puedan tener mecanismos de acción diferentes sí tienen una acción eficaz en el organismo. En cuanto a su clasificación, esta presenta las siguientes divisiones:

  1. Agentes antiácidos.
  2. Agentes antisecretores.
  3. Protectores de la mucosa.

Agentes antisecretores

Gastritis

Dentro de este grupo se encuentran los inihibidores de la bomba de protones (IBP) y los antihistamínicos H2.

¿Cómo funcionan los inhibidores de la bomba de protones en nuestro organismo?

Los inhibidores de la bomba de protones (IBP) en realidad son profármacos. Es decir, son una sustancia farmacológica que se administra inactiva y tras sufrir su metabolización correspondiente, se activa y produce su efecto.

De esta manera los IBP llegan a las células parietales (células del estómago) y se protonan gracias al medio ácido. Esto origina una sulfonamida que se une a los residuos de cisteína de la bomba de protones bloqueándola.

Por tanto, los antisecretores actúan en el paso final de la producción del ácido produciendo una inhibición irreversible de la bomba de H*/K-ATPasa, siendo una unión pH dependiente siendo máxima a pH<6.

Las acciones farmacológicas de los IBP son las siguientes:

  • Inhibición dosis-dependiente de la secreción de ácida basal o inducida.
  • Disminución de la secreción de pepsinógeno y su transformación a pepsina, que es una enzima segregada en el estómago, necesaria para la digestión de las proteínas.
  • Inhibición del crecimiento de Helicobacter pylori.

Hay que tener en cuenta que estos fármacos pueden producir diferentes efectos secundarios como: náuseas, vómitos o diarrea, que son transitorias.

A largo plazo, estos fármacos favorecen la hipergastrinemia, que es una elevación de los niveles normales de gastrina e hiperplasia de poblaciones celulares en la mucosa.

Dentro de este grupo, los fármacos más utilizados para el tratamiento de la gastritis son:

  • Omeprazol
  • Esomeprazol
  • Lansoprazol
  • Rabeprazol

En caso de que el paciente este tomando otro tipo de medicación aparte de los IBP, se debe informar al médico, ya que estos fármacos, al metabolizarse por vía hepática, pueden interaccionar fácilmente con otros produciéndose reacciones indeseables.

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¿Y los antihistamínicos H2?

Estos fármacos bloquean competitiva y reversiblemente a los receptores H2 de las células parietales, las células del estómago. En base a este bloqueo, las acciones farmacológicas que se desencadenan son las siguientes:

  • Inhibición de la secreción ácida basal, por lo que son eficaces para pacientes con secreciones ácidas nocturnas.
  • Inhibición parcial de la secreción inducida por estímulos, como la inducida por las hormonas o los alimentos.
  • Disminución de la secreción de pepsinógeno, sin afectar a la concentración de pepsina.
  • Disminución del volumen total de jugo gástrico.

Sin embargo, estos fármacos han pasado a segundo plano desde que aparecieron los IPB, ya que estos últimos presentan una serie de ventajas frente a los antihitamínicos como una mayor selectividad, mayor potencia de acción y producen mayor alivio sistomático. Los más utilizados son:

  • Cimetidina.
  • Rinitidina.
  • Famotidina.

Estos fármacos también presentan numerosas interacciones, por lo que es conveniente que se consulte al médico en caso de estar tomando alguna otra medicación. No obstante, los efectos secundarios de estos, en particular, son de escasa frecuencia e importancia.

Agentes antiácidos

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Estos son unos compuestos inorgánicos que son capaces de reaccionar con el ácido segregado por las células del estómago, neutralizándolo en la luz gástrica. Por lo que:

  • Elevan el pH del estómago. Por esta razón no se deben administrar junto con fármacos antisecretores porque éstos, en su mayoría, necesitan el pH ácido del estómago para ejercer su efecto.
  • Disminuyen la actividad de la pepsina.

Los agentes antiácidos son fármacos de duración corta que suelen ser recomendados en el tratamiento de la gastroenteritis.

Estos antiácidos duran alrededor de unas 3 horas con alimentos en el estómago y unos 20/60 minutos con el estómago vacío. Por tanto, los antiácidos se pueden dividir en dos categorías:

No sistémicos (de acción lenta y sostenida y sin efecto rebote) encontramos:

  • Sales de magnesio.
  • Sales de aluminio.
  • Combinación de los dos anteriores.
  • Sales de calcio.

Sistémicos (de acción rápida y poco duradera y con efecto rebote) destacamos:

  • Bicarbonato de sodio.
  • Carbonato de calcio.

Los antiácidos son fármacos muy utilizados por la población en general, ya que se consiguen fácilmente y consiguen un efecto sintomático rápido y eficaz.

Protectores de la mucosa

Aunque estos no afecten a la producción del ácido, con estos fármacos se puede evitar que éste afecte al estómago. En este grupo, se recomiendan:

  1. Sucrafato. Estos se encuentran en el medio ácido del estómago forman una pasta pegajosa y viscosa que se adhiere a las células del estómago protegíendolas. Se debe evitar su uso combinado con antiácidos, porque estos reducen el efecto farmacológico del sucralfato.
  2. Sales de bismuto. También forman una capa protectora sobre la mucosa, y además disminuyen la actividad de la pepsina, y en concreto, la ranitidina de bismuto, inhibe la secreción gástrica. A parte de todas esas acciones farmacológicas, también presentan actividad bactericida frente H.pylori.
  3. Análogos de las prostaglandinas. Estos participan en el mantenimiento de la integridad de la mucosa frente agentes irritantes. Por ejemplo, el misoprostol.

El tratamiento de la gastritis solo podrá ser efectivo si el paciente colabora y sigue las indicaciones del médico Esto incluye: ser constante en los horarios de medicación y comidas, y evitar cualquier tipo de vicios que puedan incidir negativamente en el organismo.

En suma, el tratamiento no supone un reto demasiado grande para el paciente que decide ser consciente de su patología para poder mejorar.