Tratamientos de las heridas del hilio y grandes vasos

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Alejandro Duarte el 25 octubre, 2018
Las heridas del hilio y grandes vasos son todo un desafío para los cirujanos, ya que exigen maniobras y procedimientos quirúrgicos complejos.

Las heridas del hilio y grandes vasos generalmente son causadas por ataques con armas de fuego o cortopunzantes, accidentes automovilísticos, aplastamientos o por errores o dificultades que se presentan durante los procedimientos médicos.

Hace apenas unas cuantas décadas el índice de mortalidad por heridas del hilio y grandes vasos torácicos era hasta del 62%. Hoy en día el rango se encuentra entre el 4% y el 7%. Aún así, siguen considerándose una de las lesiones más complejas dentro de la traumatología.

Por su parte, las lesiones vasculares abdominales son las que presentan mayores niveles de mortalidad y morbilidad, dentro de todas las lesiones que pueda sufrir alguien con trauma severo. Es frecuente que estas lesiones sean multiorgánicas.

Los grandes vasos y el hilio

Se le da el nombre de grandes vasos a las grandes venas y arterias que entran y salen del corazón. Básicamente están compuestos por la aorta, las venas cavas superior e inferior y las venas pulmonares.

Dentro de los grandes vasos se encuentran las subclavias, las carótidas, las bronquiales, las intercostales posteriores, las esofágicas medias y las ilíacas, entre otras muchas.

El hilio, por su parte, es el nombre que se le da a la parte cóncava de un órgano, cuando es el punto de entrada o salida de los vasos sanguíneos y otras estructuras. Son el hilio hepático, el pulmonar, el de un ganglio linfático, el hilio renal, el de la glándula suprarrenal, el del olivar anterior y el esplénico.

Tipos de heridas del hilio y grandes vasos

Las heridas del hilio y grandes vasos pueden ser de dos tipos: penetrante o no penetrante. Las heridas penetrantes son las más frecuentes y se caracterizan porque dan lugar a una herida abierta, pues hay perforación de la piel.

Las lesiones no penetrantes son más infrecuentes y peligrosas. Se producen por aplastamiento. El vaso es comprimido contra el hueso, o un hueso fracturado lo comprime sin romperlo. Presentan mayor riesgo porque son más difíciles de detectar y tratar.

Las heridas del hilio y grandes vasos también pueden ser lesiones iatrogénicas. Estas son las que tienen lugar durante un procedimiento médico quirúrgico. Por norma general, cuando las heridas del hilio y grandes vasos son menores de 1 cm, el tratamiento a aplicar es la colocación de un injerto. Si la herida es mayor a 1 cm, lo adecuado es realizar anastomosis termino-terminal. Esto es, una reconexión de los extremos del vaso.

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Tratamiento para heridas en los grandes vasos torácicos

Cuando la herida se ubica en la zona del tórax, lo usual es que el tratamiento a seguir consista en la realización de una toracotomía posterolateral o de una toracotomía medial o esternotomía.

La técnica quirúrgica de la toracotomía posterolateral, básicamente incluye los siguientes procedimientos: anestesia general, seccionamiento del músculo con el electrobisturí, apertura de la pleura y detección de la lesión vascular.

La técnica quirúrgica de la toracotomía medial o esternotomía comprende: anestesia general, apertura del esternón con sierra eléctrica, observación y colocación de una pinza o clamp; ubicación de la lesión vascular y realización  del injerto.

En ambos casos al final se debe verificar que el procedimiento se haya hecho correctamente y que no existan fugas. Posteriormente se crea un medio de drenaje, se cierra la herida, se revisa la hemostasia, se sutura la piel y se coloca un apósito.

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Tratamiento en los grandes vasos abdominales

Si la herida es abdominal lo usual es que se acuda a la laparotomía. En esta, primero que todo se aplica anestesia general. Luego se expone el área operatoria, mediante unos dispositivos llamados separadores Farebeuf de Bader. Estos se accionan manualmente.

Después de este paso, se secciona la fascia abdominal. Esta es una estructura membranosa muy resistente. Luego se realiza la divulsión de los músculos rectos. Esta es una maniobra para separar los tejidos, sin lesionarlos. Se hace sin instrumento cortante.

Enseguida se reacomodan los separadores,  se secciona el peritoneo, se identifica el vaso sangrante y se procede a corregir. De este modo, se coloca la prótesis o injerto y se lava la cavidad si hay necesidad.

Como en los otros procedimientos, aquí también se revisa homeostasia y se verifica que no queden fugas, se deja un medio de drenaje o se pone la llamada “bolsa de Bogotá”. Luego, si es posible, se cierra y se sutura.