Tularemia: síntomas y causas

26 agosto, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el médico Leonardo Biolatto
La tularemia, también conocida como fiebre de las liebres, es una enfermedad generada por una bacteria. Las infecciones se registran principalmente en Europa, Asia y América del Norte. En este artículo te contamos lo que debes saber sobre esta patología.

La tularemia es una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Francisella tularensis. Esta bacteria resiste los climas fríos y no se destruye con sustancias como la lejía. Sin embargo, es bastante sensible a muchos desinfectantes comunes de uso hogareño.

La patología se considera una antropozoonosis, es decir, una infección que circula entre animales pero es capaz de transmitirse al ser humano en algún momento. Las especies que funcionan como reservorio de la bacteria son los mamíferos pequeños.

Podríamos nombrar como animales que sirven de depósito a la bacteria a los ratones y ardillas, así como las liebres y conejos. Su distribución mundial es del hemisferio norte: Europa, Asia y América del Norte.

La enfermedad se conoce entre los médicos desde el año 1911. Precisamente en California fue donde se describió un brote que llevó a la identificación de la bacteria. A la fecha, cien años después, se considera una enfermedad capaz de ser utilizada como arma biológica, de allí la obligación legal de notificarla a las autoridades cuando aparece algún caso confirmado.

Datos de la tularemia

La tularemia tiene dos edades preferenciales donde aparece: entre niños de cinco a nueve años y entre ancianos mayores de setenta y cinco. Prevalece en dos períodos del año: verano del hemisferio norte –de mayo a agosto- e invierno –noviembre a febrero.

Debido a su forma de contagio, hay ciertas personas con determinadas profesiones o costumbres que se encuentran más expuestos, entre ellos:

  • Jardineros: se exponen a la inhalación de las bacterias.
  • Veterinarios: por su contacto directo con animales.
  • Cazadores: quienes practican al caza se exponen a los cadáveres de los animales y a la ingesta si los comen.

Formas de contagio de la tularemia

La tularemia se transmite desde los animales al ser humano, y entre los propios animales, pero nunca entre humanos. Una persona enferma no podrá contagiar a otra sana. Por ello no es necesario el aislamiento de los pacientes.

Ahora bien, entre las vías de transmisión de los animales al humano podemos describir:

  • Contacto físico: es la forma más frecuente de contagio. El ser humano entra en contacto directo con el cuerpo del animal infectado de tularemia. En general, la transmisión sucede por la existencia de heridas y exposición de las mucosas. Los más expuestos son los habitantes rurales, los cazadores, los veterinarios y los granjeros. Puede ser contacto con animales vivos o cadáveres.
  • Picaduras: se han identificado artrópodos que también funcionan como transportadores de la enfermedad. Las garrapatas y los tábanos, por ejemplo. Desde hace una década, también se han certificado transmisiones a partir de animales que antes no se consideraban, como el cangrejo de río.
  • Agua contaminada: es una forma menor de contagio, pero no despreciable. En Estados Unidos se calcula que hasta el diez por ciento de los contagios se dan por el consumo de agua contaminada con la bacteria.
  • Inhalación: en el polvo en suspensión que se acumula tras las actividades agrícolas puede permanecer la bacteria flotando. El ser humano inhala ese polvo y la enfermedad ataca el sistema respiratorio.
Herida superficial
Las heridas en la piel pueden ser punto de entrada para la tularemia.

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Síntomas de la enfermedad

El período de incubación es corto; esto es el tiempo que pasa entre el contacto con la bacteria y la aparición de los síntomas. Usualmente, entre tres a cinco días es la demora. En algunas personas pueden pasar hasta catorce días para el primer síntoma.

De acuerdo al lugar de ingreso del microorganismo es el cuadro clínico, pudiendo manifestarse con las siguientes variedades:

  • Ulceroglandular: es la forma más común de presentación. Sucede cuando el contagio fue por contacto físico a través de la piel, entonces se forma una úlcera en el sitio de contagio. A continuación aparece fiebre, inflamación de ganglios, mucho agotamiento y cefalea.
  • Glandular: es una variante de la forma ulceroglandular, sólo que sin la úlcera de punto de ingreso en la piel.
  • Ocular: este cuadro clínico se caracteriza por los síntomas vinculados al ojo. El infectado presenta dolor ocular, secreciones en los párpados, enrojecimiento de los ojos e hinchazón de los tejidos blandos cercanos a la zona palpebral.
  • Orofaríngea: es una manifestación en el aparato digestivo de la tularemia. Suele hacerse presente cuando la vía de contagio fue la ingesta de carne o agua contaminada. Los pacientes sufren fiebre, dolor de garganta, vómitos, diarrea y las úlceras se ubican dentro de la boca.
  • Pulmonar: en realidad es una neumonía causada por la bacteria de la tularemia, por lo que la sintomatología es tos, fiebre, dolor en el pecho y falta de aire.
  • Tifoidea: es la manifestación menos frecuente, pero posiblemente la más grave. Se agrandan de tamaño órganos como el bazo y el hígado, la fiebre es muy alta y el aparato digestivo se afecta con vómitos y diarrea.
ganglios inflamados por tularemia
La inflamación de los ganglios linfáticos es un signo característico de la tularemia.

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Tratamiento de la tularemia

La tularemia tiene tratamiento eficaz y son los antibióticos. Es una enfermedad grave, pero detectada a tiempo puede curarse completamente con la administración adecuada de estos fármacos.

El tratamiento antibiótico puede ser vía oral o con inyecciones, intramusculares o intravenosas. Los fármacos de elección son la estreptomicina y la gentamicina. Cuando se prefiere la vía oral se suele recetar la doxiciclina. El médico decidirá, según el cuadro clínico y las características del paciente, cuál es el adecuado.

A la par del antibiótico se dan las medidas de soporte que correspondan para cada síntoma. Se pueden administrar antifebriles, antieméticos y analgésicos. La internación es una opción si hay compromiso de órganos de manera peligrosa.

Se asume que una vez infectada de tularemia, la persona se vuelve inmune a la bacteria para el resto de su vida. Esto quiere decir que no podría contagiarse de nuevo. Sin embargo, la ciencia ha registrado reincidencias, por lo que las medidas preventivas siguen siendo obligatorias para quien la padeció.

Así que si has estado en ambientes con presencia de roedores, te encontraste practicando caza o realizas tareas laborales asociadas a la veterinaria y granja, y a los pocos días empiezas con fiebre, consulta a un profesional para que te examine.

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