Tumores de córnea: pinguécula y pterigion

Iván Eduardo Aranaga Amengual · 19 enero, 2018
Las afecciones oculares son más frecuentes de lo que parecen y en muchos casos pueden pasar desapercibidas. Exámenes oculares rutinarios cada cierto tiempo pueden facilitar el diagnóstico precoz de anomalías como la pinguécula o el pterigión.

Los ojos constituyen el órgano fundamental de uno de los sentidos más importantes: la vista, por lo que conviene prestarles atención ante cualquier anomalía. Dos afecciones oculares bastante frecuentes son la pinguécula y el pterigión.

Ambas afecciones son el resultado de la degeneración de la conjuntiva. La pinguécula aparece como una pequeña lenteja o botón en la zona blanca del ojo (esclerótica), a veces imperceptible. Por su parte, los pterigiones son resultado de un crecimiento anormal de la conjuntiva, resultado de un proceso inflamatorio.

Pese a que el tamaño de la pinguécula suela ser insignificante, puede aumentar con el tiempo. En la mayoría de los casos su volumen no afecta directamente la visión. De hecho, algunas personas pueden presentar más de una sin ser conscientes.

¿Cuáles son las causas de la pinguécula?

De acuerdo con los especialistas de la Academia Americana de Oftalmología, entre las causas de la pinguécula se encuentran:

  • Exposición al polvo y al viento.
  • Sobreexposición a la luz ultravioleta.
  • Grasa corporal.
  • Síndrome del ojo seco.
  • Cambios hormonales.
  • Consumo de algunos medicamentos.
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Síntomas de la pinguécula

  • Picazón en el ojo o enrojecimiento del glóbulo ocular, sobre todo cerca de la córnea, la pupila y el iris.
  • Sequedad ocular.
  • Irritación del área afectada.
  • Inflamación constante.
  • Sensación de cuerpo extraño.

¿Cómo se trata la pinguécula?

Esta afección no suele requerir tratamiento. Si da lugar a síntomas molestos, el oftalmólogo le puede recomendar el uso de gotas lubricantes.

En casos graves en los que esta lesión afecte directamente a la vista o dé lugar a síntomas que no desaparezcan con el uso de gotas lubricantes se puede requerir a un tratamiento quirúrgico. Entre estos casos destaca una inflamación muy severa de la conjuntiva del ojo, que da lugar a enrojecimiento y picazón constante.

La cirugía empleada es ambulatoria, con anestesia local, y no lleva demasiado tiempo, sin embargo, toda intervención quirúrgica conlleva ciertos riesgos, por lo que siempre será la última opción. Tras la intervención, el paciente debe usar un parche de máxima protección durante dos días, a menos que el especialista recomiende lo contrario.

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Diferencias entre la pinguécula y el pterigión

Pese a que ambas afecciones son consecuencia de procesos anómalos de la conjuntiva, hablamos de dos condiciones distintas. El pterigión consiste en una anomalía ocular que se manifiesta a través de la formación de una carnosidad en los ojos de un color parecido al de la piel, diferente al color amarillento de la pinguécula.

Semejanzas entre la pingüécula y el pterigio

Tampoco se ubican en el mismo lugar. El pterigión se suele desarrollar desde uno de los extremos de la conjuntiva hacia la córnea, mientras que la pingúecula suele aparecer directamente en la esclerótica y raramente afecta a la córnea. Si los pterigones alcanzan un tamaño considerable, pudiendo alterar la superficie del ojo y dar lugar a problemas visuales

Semejanzas entre la pinguécula y el pterigión

La primera semejanza, como hemos ido comentando a lo largo del artículo, es que ambas afecciones son consecuencia de una anomalía de la conjuntiva, fina capa de tejido conjuntivo que recubre el globo ocular.

Ambas afecciones, en sus inicios, dan lugar a síntomas similares, por lo que no es raro que se confundan. Ante estas condiciones, los especialistas recomiendan tomar medidas preventivas, especialmente evitando su causa más directa, la exposición a rayos ultravioleta. Esto se logra no empleando cualquier tipo de gafas de sol, sino aquellas que presenten un filtro contra los rayos UV.

Otro factor importante que desencadena ambas afecciones es la edad. De hecho, son mucho más frecuentes en personas mayores de 40 años. Exámenes oculares rutinarios permitirán detectar a tiempo este y otros problemas oculares de mayor gravedad.