Tus hijos recogen los miedos que siembras

Debemos tener en cuenta que nuestros hijos actúan por imitación y que los progenitores somos su primer modelo, tanto para lo bueno como para lo malo

No nos damos cuenta, ni siquiera somos conscientes de ello. Pero, nuestros hijos recogen los miedos que a nosotros mismos nos afectan.

Si como padre tengo miedo a estar solo y, por eso, sufro de una fuerte dependencia hacia mi pareja, es muy probable que mis hijos hereden este miedo.

Esto tiene su lógica, debido a que las primeras personas con las que se relacionan los niños son sus padres.

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Por eso, la relación que mantienen los progenitores con su entorno y entre ellos es fundamental. Un modelo que repercutirá en las conductas futuras de los más pequeños.

Los hijos recogen los miedos que les inculcamos

En ocasiones, no es solo que los hijos recojan nuestros propios miedos, sino que les afectan todos aquellos que nosotros les inculcamos.

Frases como “no te subas ahí que te vas a matar”, “no haces más que preocuparme”, “¿es que no sabes lo que es el miedo a las alturas?” influyen en ellos de una manera importante.

Niña llorando

Con el tiempo y los años puede que esos niños se conviertan en adultos temerosos. Debido a ello, evitarán ponerse en peligro o lo que ellos pueden considerar peligroso.

Primero puede ser no montar en un avión por miedo a que se estrelle, pero puede llegar a ser tan fuerte que imposibilite al ya ahora adulto a salir de casa por si le pasa algo…

Los niños pueden crecer creyendo que el mundo es peligroso, que todos los hombres son iguales, que el amor no existe, que el maltrato es natural…

Hay muchas situaciones que los niños pueden reproducir en su vida adulta y que les generará un miedo que se gestó en su más tierna infancia.

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En esta línea, es necesario destacar a los padres sobreprotectores. Padres que, en su intento de proteger a su hijo, lo hacen vivir en una burbuja de la que nunca va a querer ni saber salir.

A medida que crezca, la inseguridad lo invadirá si no tiene el apoyo o la presencia de sus padres hasta para ir al banco. Es un ejemplo extremo. Pero la sobreprotección le hace a uno tener mucho miedo.

Los miedos de los padres serán los miedos de los hijos

¿Qué miedos tenían tus padres? ¿Te has dado cuenta de si los has reproducido? En ocasiones, no somos conscientes de cómo muchos miedos van pasando de generación en generación, de progenitores a hijos.

Los niños recogen los miedos que sus padres les han mostrado y que ellos mismos no han sabido solucionar. Miedo al abandono, miedo a quedarse sin dinero, a quedarse solo, a perder el control…

Hijo consolando a su padre

Todo esto le permitirá a los niños ver determinado modelo de relación que, sin duda alguna, repercutirá de manera importante en aquellas que ellos establezcan en el futuro.

Incluso, si hay un miedo a expresar las emociones, a decir lo que sentimos, es muy probable que los hijos terminen reprimiendo sus propias emociones.

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La gran pregunta es… ¿Podemos evitar que los hijos terminen heredando o adoptando miedos que no son suyos?

Tus hijos recogen los miedos que no sabes gestionar

Si tus hijos recogen los miedos que tú tienes o que les has inculcado, lo más importante es ser consciente de este hecho. Es algo difícil, pero muy necesario si queremos liberarlos de una carga que no les pertenece.

Una vez conscientes de lo que ocurre, podemos poner en práctica algunos consejos que nos beneficiarán a nosotros y, sobre todo, a nuestros hijos:

  • Reflexionar sobre el modelo de relación que tenemos y que nuestro hijo percibe.
  • Dejar de huir de nuestros propios miedos y empezar a afrontarlos.
  • Observar qué miedos hemos heredado de nuestros padres y que reproducimos inconscientemente con nuestros hijos.
  • Evitar frases negativas, pero sobre represivas, dirigidas a los niños.
  • Respetemos lo que sienten y ayudémosles a expresar sus emociones.

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Madre orgullosa de su hijo

Los hijos son una excelente oportunidad para aprender muchas cosas de nosotros mismos. Por ejemplo, ayudando a nuestros hijos a expresar sus emociones nos estaremos ayudando también a nosotros.

Si los hijos recogen los miedos que sembramos, seamos conscientes de ello y dejemos de alimentar esos miedos. Estos tan solo los perjudicarán.

 

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