Un fascinante experimento comprobó que las hijas son vivas copias de sus madres

Aunque muchas no eran conscientes de sus asombrosos parecidos, al unir los rostros de hijas y madres en todas surgió un sentimiento de orgullo, entre otros muchos

El envejecimiento es un proceso biológico que todos los seres humanos tenemos que aceptar en su debido momento. Pese a esto, para las mujeres siempre ha sido un motivo de temor por los cambios evidentes que sufre su piel, su cabello y en general todo su físico.

Decirle adiós a la belleza de la juventud no es fácil, menos aún cuando, por ejemplo, una madre ve reflejado en sus hijas ese aspecto físico que alguna vez tuvo.

Y es que, aunque muchas no lo han notado aún, las mujeres tienden a tener un parecido increíble con sus madres al llegar a ciertas etapas de sus vidas.

Así lo demostró una reciente prueba que registró el portal Daily Mail, en la cual aprovecharon las herramientas informáticas para unir las fotografías de cinco madres e hijas.

El resultado las dejó bastante sorprendidas porque se dieron cuenta de que eran más parecidas de lo que pensaban. Las diferencias se notan en apenas algunas arrugas y cambios propios del envejecimiento de la piel.

Como parte de las pruebas también se les preguntó qué les habían hecho sentir las imágenes y ellas fueron sinceras al expresar sus emociones de envidia, orgullo y quizá un poco de dolor por esa juventud que se fue.

A continuación te compartimos en detalle este interesante experimento y las respuestas que tuvieron madres y hijas.

Sara Pearson y su hija Clemmie

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Sara Pearson, de 62 años, es dueña de su propia empresa de relaciones públicas. Tiene tres hijos adultos y vive con su pareja en Chelsea, Londres (Reino Unido). Su hija, Clemmie, de 30 años, es la directora de la agencia de su madre y vive en Pimlico, el centro de Londres.

Sara dice:

—Clemmie dice que se parece a mí, pero yo creo que está equivocada. Ella es mucho más hermosa de lo que alguna vez yo fui.  Es mi hija amada, ¿cómo podría sentir otra cosa que alegría? Además, estoy feliz con haber llegado a mi edad sin ningún tipo de problemas de salud.

Todo el mundo debe abrazar con positividad el envejecimiento y no obsesionarse con las arrugas. Hay otras cosas que se pueden hacer para mejorar la piel –por ejemplo, los tratamientos faciales regulares son vitales.

¿Mi consejo para las madres como yo? Disfrutar de la belleza de su hija.

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Clemmie dice:

—Cuando la gente dice que mi madre y yo nos parecemos, ella dice que debe ser terrible para mí. No obstante, si puedo parecerme a ella cuando sea mayor, seré feliz.

He heredado los ojos y la sonrisa de mamá,  pero tal vez su mayor regalo para mí es una actitud positiva acerca de mi apariencia.

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Josie O’Rourke y su hija Jodie

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Josie O’Rourke, de 48 años, es directora adjunta de un corredor de apuestas. Está separada y vive en Hastings, East Sussex (Reino Unido). Su hija, Jodie Clark O’Rourke, de 24 años, es gestora de eventos, vive en Stratford, al este de Londres.

Josie dice:

Mi apariencia es muy importante para mí. Cuando me veo sin maquillaje, es desalentador.

Hay algunas mujeres que asumen el envejecimiento, pero yo siento que no puedo, porque solía ser tan atractiva como mi hija Jodie. El envejecimiento es definitivamente más difícil para las mujeres atractivas.

Creo que para 48 años de edad aún me veo bastante bien. Sin embargo, cada vez que me paro junto a Jodie es inevitable recordar. Tenemos las mismas mejillas, solo que las de ella son más juveniles.

Como parte de mi lucha contra el envejecimiento, llevo inyectándome bótox cada seis meses desde que tenía 40. Me encantaría verme más joven –pero no quiero parecer tonta.

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Jodie dice:

—El envejecimiento ni se me ha pasado aún por la cabeza. Me gusta lo que veo: que soy atractiva.

Mi madre me ha dejado claro que odia la edad. Me gustaría que ella pudiera ver que todavía es preciosa. Me encanta que nos fijemos en nuestros parecidos: tenemos los mismos ojos, la misma sonrisa y los hoyuelos.

Si tengo que ponerme bótox como mi madre, no me importa. No estoy en para nada preocupada por el aspecto que tiene ahora mismo.

Esther Savage y su hija Wendy

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Esther Savage, de 73 años, era empleada doméstica, hoy ya retirada. Está casada, tiene dos hijas y vive en la Isla de Sheppey, en Kent (reino Unido). Su hija, Wendy Brake, de 43 años, es pediatra, especialista en trastornos del sueño, y vive con su hijo Daniel, de tres años, también en la isla de Sheppey.

Esther dice:

—No he usado maquillaje en más de 40 años ¡aparte de para esta sesión de fotos! Esto se debe a que el aspecto no significa mucho para mí.

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Es un gran contraste comparado con mis 20 años, cuando me encantaba maquillar mi rostro por completo o arreglarme el cabello.

Luego me casé y tuve hijos. Mis prioridades cambiaron–no debido a mi edad, sino porque gané más perspectiva.

Mis hijos eran lo primero. Y, de hecho, ya recuperada de una operación grave el año pasado, sé más que nunca que la salud es más importante que la apariencia.

Es interesante ver mi actitud heredada en Wendy en lo referente al aspecto. Ella tampoco se preocupa por cremas o lociones carísimas.

No obstante, no solo tenemos actitudes similares. También compartimos la misma sonrisa y narices prominentes. Es halagador ver el parecido.

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Wendy dice:

—Hay cosas más importantes en la vida que el envejecimiento, como la salud. Ser madre hace tres años también me hizo ver lo que es importante –y ciertamente no es la apariencia.

Al igual que mi madre, no uso maquillaje… ¿Por qué debería? Me veo bien sin él. Mi “régimen” del cuidado de la piel es simple: me lavo la cara con agua. Es todo.

Frances Dunscombe y su hija Tineka

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Frances Dunscombe, de 83 años, es una ex ama de casa que recientemente se convirtió en modelo. Lleva cinco años viuda, vive en Surrey y tiene una hija, Tineka Fox, de 57 años, que también es modelo.

Frances dice:

—Cuando me miro en el espejo veo a alguien que está envejeciendo cada día. A pesar de esto, siempre me he sentido más joven que mis contemporáneos, muchos de los cuales ya tienen un pie en la tumba.

No me molesté en preocuparme por el maquillaje o el cuidado de la piel hasta casi cumplidos los 60. Cuando me pidieron ser modelo el año pasado mientras estaba con Tineka visitando una agencia, empecé a pensar más acerca de mi apariencia.

Pero no hay razón para preocuparse. ¡No se puede cambiar! Todavía me siento joven, y bailo por la casa. Hasta hoy, nunca había pensado que me parecía a Tineka. Siempre vi a mi marido y mi madre en ella.

Para mí, Tineka era más hermosa que yo. Ahora puedo ver cuánto se me parece. Espero que también haya heredado mi actitud: ser positiva es lo que te mantiene hermosa, no lo que está en la superficie.

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Tineka dice:

—Mi madre me pasó sus buenos genes y hábitos saludables. Afortunadamente tenemos el mismo metabolismo.

No me preocupa verme mayor,  hasta que veo mi reflejo en mis hijas, que tienen 22 y 32 años.

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Rhonda Mackintosh y su hija Darcey

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Rhonda Mackintosh, de 45 años, es modelo y vive en Glasgow (Reino Unido) con su esposo Kenneth, gerente de ingeniería. Su hija, Darcey, tiene 15 años.

Rhonda dice:

—Cuando miro a Darcey, veo a mi yo más joven con mucha claridad. Es casi como retroceder en el tiempo. Es precioso, pero peculiar.

De hecho, otros también lo notan. La gente en la calle la ven y dicen: “Debe ser la hija de Rhonda”.

Solía ​​tener las mismas obsesiones que ella, pero si la veo quejándose de su aspecto le diré que está loca.

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Darcey dice:

—A pesar de que siempre he sabido el parecido que tengo con mi madre, ver las semejanzas en esta imagen me ha sorprendido mucho.

Si en 30 años me parezco a ella, ¡genial! Sin embargo, aún hay cosas de mí que no me gustan, como la forma de la nariz, por ejemplo.

Nunca he sentido ninguna presión para lucir de cierta manera, pese al trabajo de mi madre. Además, ella me ha hecho comprender que es más importante ser inteligente que hermosa, porque las apariencias pueden desaparecer en un segundo.

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