Un lobo no pierde el sueño por la opinión de las ovejas

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
· 23 abril, 2016
Dado que las opiniones no son verdades absolutas, debemos aprender a relativizarlas y no dejar que nos afecten más de la cuenta para no dañar nuestra autoestima

Fue Eleanor Roosevelt quien dijo una vez aquello de: “Nadie puede hacer que te sientas inferior si tú no lo permites”. No obstante, la opinión que los demás tengan de nosotros siempre nos afecta de alguna forma.

Uno de los mayores errores que suelen presentar las personas es llegar a creer que sus pensamientos encierran una verdad absoluta. Todos tenemos derecho a defender nuestras opiniones, pero nunca debemos llevarlas hasta ese límite.

Al igual que nosotros mismos debemos ser prudentes con nuestras opiniones, tampoco hay que permitir que nos afecten demasiado los pensamientos ajenos.

Te invitamos a reflexionar sobre ello.

Siempre hay una opinión que nos hace más daño

A lo largo de nuestra vida vamos a tener que hacer frente a juicios de valor de muchas personas. Sin embargo, la opinión que más nos suele afectar es aquella que viene de una persona cercana y significativa.

Según nos indican los psicólogos, las mayores fuentes de sufrimiento en las relaciones paterno-filiales, e incluso de pareja, son las opiniones que una persona cercana haga de nosotros en un momento dado.

En realidad, las creencias de personas desconocidas o poco cercanas no nos importan demasiado. Pero si este tipo de opiniones las dice alguien que nos importa, son las que más afectan a nuestra autoestima.

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Voy a conseguir que tu opinión no vulnere mi autoestima

Todos hemos tenido que hacer frente en alguna ocasión a ese comentario poco afortunado que alguien deja caer durante una comida familiar. Para no crear conflicto, solemos callar y esconder la rabia.

Toda opinión recibida nos obliga de algún modo a reflexionar durante un instante, y es lo adecuado. Aun así, tras ese período de reflexión deberíamos pensar en las siguientes cuestiones.

Esa opinión… ¿te define?

No hay que reaccionar a la defensiva de inmediato. Lo primero es saber escuchar y después analizar con calma esa opinión.

Es posible que alguien cercano te esté diciendo algo que es cierto pero que tú  no ves en ese momento. Por ejemplo: «Pienso que la relación que llevas ahora te hace infeliz», «Creo que no estás actuando de forma adecuada»…

Valora el comentario con calma. Si piensas que es cierto, tal vez debas aceptar la opinión y agradecerla. Ahora bien, si no te define es recomendable racionalizar el comentario y evitar una reacción emocional negativa como la ira.

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En resumen: si la opinión no te define, déjala ir. No pierdas tiempo y salud en algo que no va contigo.

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A palabras necias, oídos sordos

Lo que te enfada, te hace cautivo. Si en tu familia suelen hacer demasiados juicios de valor y dejan caer opiniones dañinas, no te va a servir de mucho reaccionar con rabia para defenderte.

Vale la pena recordar que quien hace uso de las opiniones malintencionadas no dispone del don de la empatía ni del respeto. Por ello, para evitar almacenar más emociones negativas lo mejor será poner distancia para proteger nuestra autoestima.

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Cuando uno tiene claro quién es, lo que vale y lo que merece, no se inmuta ante las opiniones falsas. Se niega a ser víctima.

La naturaleza es sabia y siempre merece la pena aprender de ella para cuidar también de nuestras esencias, nuestra identidad y autoestima.