Un nuevo culpable de las enfermedades cardiovasculares

Ángela Aragón 8 febrero, 2017
Gracias a este hallazgo, los doctores se muestran esperanzados con la posibilidad de frenar dicho padecimiento con terapias individualizadas.

Cuando creíamos conocer todos los factores de riesgo cardiovascular, nos sorprende un nuevo estudio en el que se aprecia un nuevo culpable de estas dolencias.

Si pensamos en los problemas circulatorios, de inmediato aparecen en nuestra mente el colesterol, la presión arterial o los triglicéridos.

No obstante, existen otros casos en los que también se producen accidentes de este tipo.

Teniendo en cuenta esto, las universidades de Bale y Yale decidieron emprender un estudio acerca de dicha cuestión.

Estamos ante el trabajo de un equipo internacional, ya que participan también varios españoles.

Los científicos han descubierto una mutación celular que, junto con el envejecimiento, permite que se formen placas en las arterias.

Por tanto, provocan o dificultan las funciones circulatorias. Las consecuencias pueden resultar muy llevaderas, pero también fatales.

El gen Tet2, el nuevo culpable de las enfermedades cardiovasculares

El estudio

En los últimos años, han proliferado una cantidad significativa de estudios genéticos relacionados con el cáncer.

La gran mayoría de ellos se han traducido en hallazgos con un potencial impensable antes del desarrollo de esta especialidad médica.

Así, cada día está más claro que la estructura celular es determinante para nuestra salud. Y no solo oncológica, sino que es fundamental para el desarrollo de patologías.

Por ello, este grupo llevó a cabo un experimento centrado en el comportamiento del gen Tet2 mutado en los roedores.

Este se ha desarrollado en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares.

Según explica José Javier Fuster, la alteración en este gen activa el desarrollo del aterosclerosis.

Esta circunstancia se debe a que el cambio genera una serie de células inmunitarias que dan lugar a una proteína que produce inflamaciones.

Además, presentan la particularidad de que se reproducen a una velocidad mucho mayor que las células sanas.

Hasta ahora, este proceso era imposible de frenar, pero este equipo ha encontrado la fórmula para hacerlo.

Todo ello con un simple fármaco.

Con ello, han logrado que los ratones no padezcan esa precipitación de la aterosclerosis.

Esta consiste precisamente en la creación de placas en las arterias, que dificultan la circulación de la sangre. Al complicarse el riego sanguíneo, el corazón se resiente.

Lo mismo sucede con la alimentación del cerebro, con resultados como infartos, ictus o dolencias similares.

En este sentido, el fármaco desarrollado por el equipo de Fuster reduce el riesgo de sufrir dichas afecciones de manera considerable.

¿Quieres conocer más? Lee: 4 señales que te indican mala circulación sanguínea

Un experimento con mucho porvenir

Sonrisa de ancianos

Como decíamos, el éxito del ensayo clínico se ha registrado en ratones. El encargado del experimento afirma que la posibilidad de usar el medicamento en humanos aún está muy lejana.

No obstante, sí parece que se trata de cuestión de tiempo. Los inhibidores que este contiene ya se han aprobado para estudios venideros aplicables a humanos.

En concreto para el “tratamiento de enfermedad cardiovascular recurrente”. 

El equipo señala que las posibilidades que abre el presente descubrimiento van más allá de la formulación de una medicina. Al apoyarse en la manipulación genética, será posible la creación de tratamientos personalizados.

Sabiendo que estamos hablando de un fenómeno que aparece con el envejecimiento, todos podremos aprovecharnos de estos avances.

Obstaculizar a este nuevo culpable de las enfermedades cardiovasculares significa mejorar nuestra calidad de vida. Esto nos ayuda a mirar al paso del tiempo con unos ojos mucho más optimistas.

Visita este artículo: 7 tips para tener un corazón sano

En cualquier caso, lo que sí sabemos ya es que el colesterol y la tensión no lo son todo. Ni siquiera el estrés.

Ahora somos capaces de entender por qué esa persona saludable, delgada y deportista sufre una crisis repentina.

La clave está en la mutación de un gen que acelera la creación de proteínas que origina placas en nuestras arterias. Lo que está por venir aún lo desconocemos con exactitud.

Sin embargo, todo apunta a que hemos dado un paso más hacia posibles tratamientos individualizados. Estos atacarán directamente al origen de las afecciones y no a sus síntomas.

Se trata, pues, de un escalón más en la nueva era de la medicina.

Te puede gustar