Vacunas bacterianas que han salvado 1,4 millones de vidas infantiles

Julia Sedano 19 agosto, 2018
Con tan solo dos vacunas pueden salvarse millones de vidas. Aun así, en algunos lugares aún no se dispone de ellas.

Streptococcus pneumoniae y Haemophilus influenzae son microorganismos que provocan infecciones especialmente en las vías respiratorias. En aquellos medios con acceso a vacunas bacterianas, puede que estas bacterias no susciten demasiado temor a la población.

Sin embargo, en otros contextos la situación es totalmente diferente. Estas dos bacterias se llevaron la vida de alrededor de 900.000 niños e infectaron a 8 millones sólo en el año 2000.

La distribución de vacunas contra el Streptococcus pneumoniae y el Haemophilus influenzae tipo B es crucial si se quieren disminuir estas cifras de mortalidad. Se calcula que estas dos vacunas bacterianas salvaron 1,4 millones de vidas infantiles en tan solo 15 años.

Poco a poco se está implantando la vacunación en lugares en que antes no se practicaba. Pero tristemente aún no ha llegado a todas las partes del mundo. Estas dos vacunas son costosas; de hecho, sólo en 2008 su uso comenzó a extenderse en países pobres.

Actualmente, los países con más tasa de muerte por S. pneumoniae y H. influenzae B son India, Nigeria, Pakistán y la República Democrática del Congo. En estos cuatro países existen vastas regiones en las cuales el grueso de la población no está vacunada. En la siguiente década, millones de vidas en estos y otros lugares dependerán de la administración de vacunas.

Los microorganismos

Como ya hemos explicado, H. influenzae tipo B y S. pneumoniae generan cifras de mortalidad preocupantes. Ambas bacterias constituyen la causa más frecuente de meningitis del mundo.

Streptococcus pneumoniae es un patógeno casi exclusivamente humano. Es causa de multitud de infecciones tales como neumonía, sinusitis, peritonitis y sepsis, además de la meningitis. Se presenta sobre todo en ancianos, niños y pacientes inmunodeprimidos.

Haemophilus influenzae tipo B causa sobre todo meningitis, pero también otras infecciones como epiglotitis, neumonía y sepsis. No es el único tipo de H. influenzae que existe, pero es el más virulento porque está protegido por una cápsula.

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Las vacunas

Vacunación infantil.

Una vacuna, ante todo, es un preparado biológico. Esto quiere decir que se trata de un agente que se asemeja a un microorganismo causante de enfermedad. A menudo se obtienen a partir de formas debilitadas o muertas del microbio. También se pueden utilizar sus toxinas o alguna de sus proteínas de superficie.

El sistema inmune identifica la vacuna como patógeno, y la ataca como si fuese el microorganismo al que se asemeja. Así, cuando al organismo llega el microorganismo real causante de enfermedad, no se llega a desarrollar infección.

Esto es porque el sistema inmune lo reconoce más rápido y lo ataca más efectivamente (como si ya lo hubiese hecho). A esto se le llama respuesta inmunitaria secundaria.

En cuanto a la vacuna frente al Streptococcus, existen siete tipos distintos. Son conjugadas, esto quiere decir que se forman a partir de una porción del microorganismo y además otra sustancia. Esta es una estrategia encaminada a aumentar la reacción inmune. En este caso se conjuga con una fracción de toxina diftérica.

Por otra parte, la vacuna frente al Haemophilus (denominada vacuna Hib) es también una vacuna conjugada. Suele administrarse como vacuna heptavalente, es decir, hace frente a otros seis microorganismos.

La importancia de la administración de vacunas

Actualmente, la falta de recursos no es la única razón por la que existen personas sin vacunar. La mayoría de los efectos adversos producidos por la vacunación son leves y transitorios. Generalmente se limitan a dolor pasajero o tumefacción en el lugar de la punción, además de fiebre. Los efectos adversos más graves son muy poco frecuentes (reacciones anafilácticas o encefalopatía).

Existen personas que prefieren evitar estos riesgos. Sin embargo, asumen el riesgo de contraer las infecciones que se evitarían con la vacunación. Esto no sólo tiene consecuencias en la persona no vacunada, sino también en el resto de la población.

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Inmunidad de grupo o efecto rebaño

La inmunidad de grupo o efecto rebaño describe un tipo de inmunidad mediante el cual, al vacunar a un grupo de la población, se proporciona protección al resto del grupo.

Según el efecto rebaño, cuantos más individuos se vacunen contra la enfermedad, menos individuos no vacunados se contagiarán. Los microorganismos sólo pueden infectar a los no vacunados, es decir, sólo proliferan en huéspedes no inmunizados.

Si un microorganismo está infectando a un individuo (no vacunado) e intenta infectar a un individuo vacunado, no podrá. Esto supondrá el fin de su camino, no podrá proliferar y no sobrevivirá. Se habrán evitado todas sus posibles siguientes infecciones.

Sin embargo, cuando en una población hay muchos individuos no vacunados, es más fácil que el microorganismo infecte a dos individuos de manera consecutiva. Así, la infección se extenderá mucho más rápidamente. El efecto rebaño es sólo uno de los ejemplos de la importancia de la vacunación en cualquier medio.

El número de vidas que salvan las vacunas está más allá de la comprensión de algunas personas. Incluso pequeñas interrupciones en la vacunación tienen consecuencias desastrosas.

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