¿La varicela se contagia también en los adultos?

La varicela puede contagiarse a los adultos y suele ser más agresiva que en los niños. Conoce cómo se contagia, sus síntomas y cómo tratarla y prevenirla.

La varicela es una de las enfermedades eruptivas típicas de la infancia.  Sin embargo, la varicela también puede aparecer ocasionalmente en los adultos. Es muy contagiosa y está provocada por el Virus Varicela-Zoster o VZV.

Se caracteriza por una erupción cutánea en el rostro, el cuero cabelludo y el tronco que produce picor. Se manifiesta como granos de color rosado y ampollas diminutas llenas de líquido, que 4 o 5 días después se secan y se convierten en costras.

La gran mayoría de las personas que recibe la vacuna contra la varicela en la infancia no contraerá la enfermedad, o la tendrá de forma muy leve y se recuperará más rápido.

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varicela en bebes

La varicela en los adultos

Los pacientes adultos con varicela son menos comunes porque la primera infección que suele ocurrir en la infancia genera inmunidad. Es decir que el sistema inmunitario del niño respondió y construyó una defensa contra ese virus específico que dura toda la vida.

Por otra parte, las vacunas que se aplican en la infancia contienen el agente viral debilitado. De este modo, la persona desarrolla defensas específicas contra él. Entonces, cuando vuelva a estar expuesto a este patógeno, el organismo será capaz de combatirlo y evitar la afección.

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Cómo se contagia la varicela

El primer contacto con el virus de la varicela suele ocurrir en la infancia.

Las vías de contagio pueden ser:

  • Formas directas: a través de las lesiones cutáneas, o de las diminutas gotitas expulsadas al toser o estornudar y que transmiten el agente infeccioso.
  • Formas indirectas: menos frecuentes, por ejemplo, mediante el contacto de objetos contaminados usados por el paciente.

Síntomas de la varicela en adultos

Cuando el adulto se enferma es más grave que en los niños.

Virus de la varicela

Por lo general los pacientes sienten una serie de alteraciones o señales que pueden ser relacionadas con esta enfermedad.

Así, los síntomas más frecuentes en este rango de la población son los siguientes:

  • Fiebre que suele durar dos o tres días y ser de intensidad moderada
  • Cansancio, fatiga o debilidad general
  • Cefalea o dolor de cabeza
  • Falta de apetito
  • Lesiones por toda la piel en especial en el tronco y la cabeza. En primer lugar aparecen en forma de manchas planas de tonalidad rojiza y de tamaño reducido.

Cómo se diagnostica la varicela en adultos

Diagnóstico de la varicela en adultos.

Por norma general el equipo médico lleva a cabo un examen físico en el que se analizan las lesiones cutáneas.

Si existen dudas para diferenciar esta enfermedad de otras patologías con síntomas similares se pueden realizar otros exámenes médicos. Algunos trastornos similares son el sarampión, alteraciones causadas por el herpes simple o las infecciones víricas del Coxsackie.

En tal caso se puede extraer el líquido acumulado en las ampollas y analizarlo en laboratorio para detectar el patógeno desencadenante.

El tratamiento de la varicela en adultos

Actualmente no existen medicamentos capaces de destruir al virus y curar la enfermedad. Sin embargo, el organismo es capaz de combatir la enfermedad tras un periodo de convalecencia de 1 a 2 semanas.

Por tanto, el equipo médico puede recomendar el uso de ciertos fármacos y una serie de pautas para calmar los síntomas que la persona padezca:

  • La toma de paracetamol para aliviar el malestar general, el dolor de cabeza y la fiebre.
  • No rascarse las lesiones en la piel. De este modo desaparecerán sin dejar marcas visibles. Si el paciente se arranca las costras pueden infectarse y quedarán cicatrices.
  • También se aconsejan baños frecuentes con agua tibia y la aplicación de compresas húmedas para limpiar las erupciones y calmar su picor temporalmente.

Cómo prevenir la varicela en adultos

Mujer con varicela.

La prevención más eficaz es la aplicación de la vacuna correspondiente. Al hacerlo, las personas  resultan inmunes o padecen una forma leve de la enfermedad.

De todos modos, es aconsejable evitar el contacto directo e indirecto si no han padecido la enfermedad o si no han recibido la vacuna correspondiente.