A veces, esperamos demasiado de alguien que nunca nos ha dado nada

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Bernardo Peña el 1 enero, 2019
Valeria Sabater · 12 junio, 2016
Queremos que aquellos a quienes amamos nos respondan de igual modo: con reciprocidad. Sin embargo, pocas veces vemos satisfechas nuestras expectativas.

Nos pasamos gran parte del tiempo aguardando que sucedan cosas. Esperamos que nuestros deseos se cumplan, que los demás reaccionen como lo haríamos nosotros. Y, sobre todo, queremos que aquellos a quienes amamos nos respondan de igual modo: con reciprocidad. Sin embargo, pocas veces vemos satisfechas nuestras expectativas.

Pese a ello, no debemos sentirnos frustrados. Las personas solemos dar por sentado cosas para conseguir cierta sensación de seguridad. Del mismo modo que todo niño tiene la certeza de que sus padres lo quieren, los adultos tendemos a creer que nuestra pareja harán en cada momento lo mismo que nosotros hacemos por ellas.

Mas, nunca deberíamos de dejar de pensar que las relaciones afectivas deberían funcionar así, como pretendemos. De ahí que sea necesario detenerse a reflexionar ante el desengaño que supone esperar demasiado de alguien que, en realidad, nunca nos ha dado pábulo a tales expectativas. Te invitamos a reflexionar sobre lo que falla cuando existe ese desequilibrio entre lo que esperamos y lo que recibimos.

Cuando lo esperamos todo y no recibimos nada

Hay quien tiene incorporada en su ser la idea de que la felicidad está en dar; no tanto en recibir. Tal vez sea nuestra educación o la nobleza que, cuando es excesiva, va en detrimento de ese otro valor esencial para la sobrevivencia: la autoestima.

¿Sabías que el temor a sentirse atraído por otra persona tiene un nombre? Pues, lee Filofobia, el miedo a enamorarse.

 

Recibir es tan importante como dar

Es necesario que empecemos a dejar a un lado muchos de esos conceptos que vulneran nuestro equilibrio emocional. Brindar a los demás la posibilidad de ser felices es un acto de nobleza que nos enriquece como personas. Puedes verlo incluso como una obligación: Dar es bueno, pero recibir forma parte de la misma necesidad de experimentar el afecto.

  • No estamos hablando, claro está, de bienes materiales; tampoco, de favores. Cuando hacemos algo por alguien no hay que esperar que nos sea devuelto ese acto espontáneo que nos sale del corazón.
  • De lo que tenemos todo el derecho –e incluso la obligación– de recibir, es respeto. Si das amor no deben devolverte frialdad o egoísmo. Este es, sin duda, un aspecto esencial en el campo afectivo.
  • En nuestras relaciones de pareja “dar y recibir” es un derecho y una obligación. Es un tipo de energía que se crea entre dos personas de la que ambas se nutren para crecer. Esa fuerza enciende cada día el motor de corazones que deberían saber que el respeto es reciprocidad.

Puede que esperamos demasiado porque estamos dispuestos a dar mucho más

Puede que, en alguna ocasión, te hayas encontrado con alguien que te increpa con expresiones como: “Es que tú esperas demasiado de la gente”. O, “Es que eres demasiado sensible y todo te afecta”…

  • Son frases donde se refleja, sin duda, una falta de empatía hacia la persona que está dispuesta a darlo todo por los demás. Por más que hieran a la persona objeto de la incomprensión, estas palabras, sin embargo, ponen delante de los ojos una realidad que no se puede obviar si quiere superarla.
  • Podrías decirte a ti misma eso de “tengo que aprender a querer menos”. Pero, no. En realidad, lo que deberías decirte es “tengo que aprender a quererme más a mí misma”.

Amar, por tanto, no es renunciar a parte de una mismo para albergar a la otra persona. Podemos quererla, pero, no por ello, ponerla en el centro de nuestro universo personal ni construir todo nuestro mundo a su alrededor. Si eso llegara a ocurrir, nuestro mundo se vendría abajo si ese pilar fallara. Y, esto es algo que nunca debemos permitir.

corazón partiéndose por la mitad representando el abismo de la tristeza

Así las cosas, nunca debes olvidarte de ti misma:

  • No olvides mimarte cada día, de no priorizar en exceso a los demás hasta el punto de descuidarte a ti y a tus asuntos personales.
  • Ofrece cariño, preocúpate, ten detalles… A cambio, debes esperar que la contraparte haga también muchas de esas cosas por ti. Date valor.

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Cómo reaccionar cuando nos damos cuenta de que nunca hemos recibido nada

Tu corazón te dirá hasta dónde eres capaz de llegar. ¿Te levantas cada día con más preocupaciones que ilusiones? ¿Las ganas de llorar y la frustración son los renglones donde se escriben todos tus momentos? Entonces, ya es hora de reaccionar.

  • Quien no recibe nada, se queda vacío. Y, más aún, puede llegar a pensar que “tal vez no merece recibir afecto, detalles, atención ni consideración”.
  • No lo hagas, no permitas que el vacío y la ausencia afectiva de los demás te hagan creer que no mereces ser amada.
  • El amor propio no debe abandonarte nunca. Es él el que te dará fuerzas para reconducirte hacia el equilibrio personal, hacia esa tan ansiada paz interior.
tarro-de-mariposas representando aquello que esperamos

Algunos psicólogos opinan que lo mejor es no esperar nada de nadie y esperarlo todo de nosotros mismos. No obstante, conviene matizar esta idea.

  • Las personas necesitamos esperar ciertas cosas de quienes forman nuestro círculo personal y afectivo. Necesitamos tener, por ejemplo, la seguridad de que somos amados, porque nadie puede vivir con esa incertidumbre.

Lo que merecemos por encima de todo es respeto, de nosotros mismos y de los demás. Por ello, nunca dejes de luchar por recibirlo. El amor es reciprocidad, apoyo y sinceridad. Sin esos tres pilares ninguna relación será auténtica ni saludable.

  • Argyle, M. (1987). La psicología de la felicidad. Madrid: Alianza.
  • Avia, M., y Vázquez, C. (1998). Optimismo inteligente. Madrid: Alianza.
  • Russell, B. (1991). La conquista de la felicidad. Madrid: Espasa-Calpe.
  • Savater, F. (1994). El contenido de la felicidad. Madrid: Santillana.
  • Klein, S. (2004). La fórmula de la felicidad. Barcelona: Urano.