A veces, ser “raro” es el efecto secundario de ser genial

¿Cuántas veces, por no saber definir algo en su justa medida, lo calificamos como “raro”? Es lo que ocurre con las personas excepcionales, así que no temas salirte de la norma

La genialidad no abunda demasiado en nuestro día a día. Esto se debe, más que nada, a cierta falta de atrevimiento, no a una carencia de capacidades ni aptitudes.

Solo quien se atreve a ser un poco raro, quien disfruta siendo él mismo en cada instante, saliéndose a su vez de lo establecido, logra la autenticidad.

Estamos seguros de que también tú conoces a alguien que tiene un estilo propio y muy marcado. A quien no le importa ir a contracorriente, andar solo, decidir por sí mismo, aunque los demás vean sus elecciones algo alocadas.

Son personas admirables, libres y valientes. De hecho, hasta es muy posible que tú lo seas ya. No obstante, si sientes en tu interior esta necesidad y aún no te has atrevido, te proponemos ejercer el cambio.

Atrévete a ser todo lo raro que tu alma necesite. Atrévete a ser genial cada día de tu vida.

Ser raro en una sociedad que se esfuerza por que todos seamos iguales

Resulta curioso ver cómo vivimos en una época a la que sociólogos y antropólogos han etiquetado como la “sociedad del conocimiento”.

Los avances tecnológicos y científicos han conseguido progresos extraordinarios y han cambiado, sin duda, muchos de nuestros hábitos de vida. Sin embargo, el valor humano y nuestras relaciones no han ido de la mano de estos adelantos.

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Elementos tan básicos como la solidaridad, el respeto o la tolerancia brillan muchas veces por su ausencia.

Se teme al “diferente”, al que llega de otro país, al que se atreve a alzar la voz para llevar la contraria a una ideología, a una estructura de poder o a un modo de pensar.

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Vivimos en una realidad donde se valora más el modo de vestir que la esencia de la persona. Todo ello se explica muchas veces por ese concepto que Zygmunt Bauman, un reputado sociólogo que define la sociedad actual como “sociedades líquidas”.

  • La mayoría de personas están dominadas por un especie de materialismo y consumismo emocional. Apenas hay tiempo de conocer con profundidad a quien tenemos delante; se prefieren las relaciones rápidas y el placer momentáneo.
  • Lo diferente crea extrañeza y desconfianza porque no es normativo, porque no encaja en ese modelo de sociedad donde es mejor no salir de la zona de confort, donde guiarnos por las modas, por lo que otros deciden y que nosotros, simplemente, consumimos.

Atrévete a ser diferente, a romper los hilos que te sujetan

Hay muchos niños que, a día de hoy, se sientan al final de las aulas en silencio mientras observan a sus compañeros con una mezcla de tristeza e incomprensión.

  • Es muy posible que a ese niño excepcional lo hayan etiquetado de “raro”. Puede que sus capacidades sean tan notables que ni siquiera sus profesores lo hayan percibido y piensen, sencillamente, que es vago y contestatario.
  • En nuestra sociedad también hay personalidades que fueron etiquetadas como “raras” cuando en realidad eran o son geniales.

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Pensemos en Steve Jobs o en Bill Gates, personas que no terminaron sus estudios y que se atrevieron a ser fieles a su instinto a pesar de que otros no los entendían o los criticaban.

Figuras complejas y de gran transcendencia que siguen siendo el ejemplo para muchos jóvenes a día de hoy.

ser raro

Todos estamos sujetos por muchos hilos que nos mueven y dominan, de algún modo sutil pero constante:

  • La forma en que nos educaron y lo que, aún a día de hoy, esperan nuestras familias de nosotros.
  • La propia sociedad con sus modas, con tallas que nos obligan a tener que adelgazar, con sus ideales de belleza y de comportamiento a los que supuestamente hemos de llegar para tener éxito.
  • Cuando uno es etiquetado de “raro” por aquellos que le rodean aparece en muchas veces la sensación de que no se encaja, de que puede que algo falle en su interior para que los demás no acepten esos matices fuera de lo común que lo definen.

Todo ello son fuentes inútiles de sufrimiento a las que no debemos hacer caso.

  • En un mundo de personas iguales el auténtico valor es ser capaz de salir de la normatividad para tener voz propia.
  • Quien no acepte nuestras particularidades, opiniones o elecciones vitales y enfatice con desprecio esas facetas no merece nuestro cariño sincero.
  • Les mostraremos respeto, pero siempre será mejor desactivar en nosotros el sufrimiento que pueda ocasionar el que no nos acepten.

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Lo creas o no, sea cual sea tu locura, tu extrañeza o tu genialidad, siempre habrá alguien que la comparta y que se identifique contigo. Porque, en el fondo, todos somos criaturas geniales y excepcionales, lo único que necesitamos es valentía y atrevimiento.

Da el paso. Atrévete a ser tú cada día de tu vida.

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