El origen de la vacuna: la viruela

La viruela fue una enfermedad devastadora que logró diezmar a la población, epidemia tras epidemia, durante varios siglos. Hoy en día constituye una de las únicas enfermedades erradicadas por el ser humano.

La viruela es una de las enfermedades más notorias de la historia negra de la medicina. Se trata de una devastadora enfermedad infecciosa causada por el Variola virus, que infecta exclusivamente al ser humano. La tasa de mortalidad asociada a la viruela en algunas ocasiones llegó a superar el 30%.

El último caso de viruela tuvo lugar en Somalia en 1977. Tres años más tarde se confirmó que había sido completamente erradicada, lo que la convierte en una de las dos únicas enfermedades erradicadas por el ser humano, junto con la peste bovina.

Tras la infección con el virus, el paciente experimentaba brotes de fiebre durante las dos primeras semanas, tiempo durante el cual se incubaba la enfermedad. A partir de la segunda semana, aparecían las pústulas típicas de esta enfermedad, las cuales acababan secándose y formando costras que delimitaban el tejido sano del contaminado con el virus.

Historia de la viruela

Historia de la viruela

Los primeros casos de viruela datan del año 10.000 a.C. El núcleo de aparición se sitúa en el norte de África, extendiéndose hasta la India como consecuencia de las actividades comerciales que llevaban a cabo los pueblos de estas regiones. Fue una enfermedad devastadora que logró diezmar a la población, epidemia tras epidemia, durante varios siglos.

El primer método empleado para luchar contra esta enfermedad se conoce como variolización. Se trata de una técnica de profilaxis que consiste en infectar al paciente con el virus de forma controlada. Originariamente fue utilizada en China y la India a mediados del siglo XI. La variolización constituye la base de lo que hoy conocemos como vacunación.

El proceso de vacunación fue ideado por el científico Edward Jenner en 1796. Este descubrimiento fue consecuencia de observar cómo las lecheras contraían la viruela vacuna, desarrollaban las pústulas típicas de la enfermedad y tras varias semanas se recuperaban. Las personas que habían padecido la viruela vacuna, no contraían la viruela humana, la cual es mucho más peligrosa.

Fue este el dato en el que basó todas sus hipótesis Edward Jenner, las cuales demostró experimentando con un niño de 8 años de edad. El proceso consistía en extraer trozos de pústulas secas de pacientes infectados con la viruela vacuna. Posteriormente, realizaba una incisión en el paciente al que se quería infectar donde colocar el trozo de pústula que contenía el virus causante de la enfermedad.

De este modo, el paciente se infectaba y tras varias semanas de incubación, comenzaba a manifestar los síntomas típicos de la viruela vacuna. El niño, a pesar de estar en contacto con otras personas con viruela humana, no contrajo la enfermedad. Esto llevó a Jenner a deducir que el niño se había inmunizado frente a la enfermedad, pero entonces no supo explicar por qué.

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El desarrollo de las vacunas

El desarrollo de las vacunas

Tras la completa recuperación del paciente, Jenner realizó el mismo proceso pero esta vez utilizando un trozo de pústula de la viruela humana, demostrando que las personas que habían padecido la viruela vacuna quedaban inmunizados frente a la forma más agresiva de esta enfermedad.

Este descubrimiento sentó las bases de lo que hoy conocemos como vacunación. Pero, ¿en qué consiste? Para empezar, es necesario recordar que la inmunología es la ciencia que se encarga de estudiar todo lo relacionado con la inmunidad a las infecciones. En este sentido, se entiende por inmunidad el estado de invulnerabilidad a una determinada enfermedad infecciosa.

Esta invulnerabilidad es la consecuencia directa de la memoria de nuestro sistema inmunológico. Cuando una persona se expone a una determinada enfermedad infecciosa, su organismo responde mediante el diseño de anticuerpos específicos contra el antígeno causante de esa enfermedad. Estos anticuerpos son diseñados por los linfocitos B los cuales son células específicas del sistema inmune.

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En un primer contacto con la enfermedad, un individuo padece los síntomas típicos de la misma, pudiendo llegar a morir, dependiendo de su mortalidad (como es el caso de la viruela). Sin embargo, como consecuencia de este primer contacto, parte de los linfocitos B se habrán especializado en el diseño de anticuerpos que combatan esta enfermedad.

Debido a ello, en un segundo contacto, el sistema inmune de la persona podrá responder de manera casi inminente mediante la creación de cientos de miles de anticuerpos específicos, con lo cual, se evita que el virus, o la bacteria, pueda causar algún perjuicio al individuo.

Imagen principal cortesía de © wikiHow.com

Alejandro Duarte

Biotecnólogo, divulgador y curioso por excelencia. Mi especialidad es la biomedicina molecular y dedico gran parte de mi tiempo a explicar a la gente lo que es, porque ¿por qué no?

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