Y tú… ¿qué máscara te has puesto hoy?

Aunque nos pueda parecer que ponernos una máscara es la mejor forma de enfrentar nuestros miedos también puede ser esta misma la que nos impide ser felices

¿Crees que te muestras tal y como eres ante los demás? Quizás estés del todo equivocado. Siempre vas a intentar compensar tus carencias, protegerte de los demás y, para eso, te pones una máscara.

Sin embargo, como bien decía Alan Moore: “Cuando llevas una máscara tanto tiempo, te olvidas de quién eras debajo de ella”.

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Pero, ¿por qué utilizamos este tipo de máscaras de forma inconsciente?

La razón de tu máscara

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La razón de que te pongas una máscara tiene su origen en la infancia. Una etapa en la que fuimos heridos de alguna manera y eso determinó nuestra forma de ver la vida.

Por ejemplo, si has sufrido de carencias afectivas o si tus padres no te mostraron afecto, es posible que busques eso que no te dieron y para ello te pones una máscara.

Una de estas máscaras puede ser la denominada “seductora” con la que atraes a personas que puedan cubrir esas necesidades que en su día no fueron satisfechas.

El gran problema de utilizar una máscara es, como bien mencionamos al principio, que vamos perdiéndonos en ella, que nos vamos creyendo ella y, en consecuencia, nos olvidamos de quién somos en realidad.

No identificamos con lo que, en realidad, es una herramienta para conseguir, para esconder o disimular ciertas cosas que necesitamos o de las que nos avergonzamos.

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Otro ejemplo puede ser aquella persona con una baja autoestima y muchas heridas emocionales debido a padres que la maltrataban, que la humillaban y que la hacían sentir que no servía para nada.

Este tipo de persona puede convertirse en “un tipo duro” que enmascara esa inseguridad y miedos que, en realidad, están presentes en sus adentros.

El momento en que la máscara se rompe

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En algún momento, la máscara se rompe. Esto ocurre cuando nos encontramos ante alguna situación inesperada ante la que no sabemos cómo actuar.

En otras palabras, no tenemos a mano otra máscara que nos podamos poner para enfrentar esta circunstancia que nos acaba de abordar.

Es entonces cuando perdemos el control, cuando nos estresamos e intentamos escapar y huir de la situación que estamos experimentando.

No podemos olvidar que las máscaras tiene un motivo muy claro: fingir ser lo que en realidad no somos. Por eso, ante una circunstancia inesperada, se nos resquebraja todo lo ideado hasta el momento.

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Intentar ocultar nuestras debilidades y esforzarse por agradar constantemente a los demás agota, cansa y, en algún momento, todo termina explotando.

¿Cómo ser libres de las máscaras?

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Llevar siempre una máscara puede llegar a ser terrible, y hacernos sentir que estamos desconectados de nuestra propia esencia.

Por eso, es el momento de liberarnos de los miedos, de dejar de intentar protegernos de todo aquello que una vez nos dejó una herida que aún no hemos sabido cómo cerrar.

La manera de solucionar esto es empezar a conocernos a nosotros mismos. Es un camino difícil, con mucho trabajo por delante, pero la recompensa será muy fructífera.

Está claro que indagar en nuestro interior provocará que nos enfrentemos a todo aquello que hemos intentado evitar y ante lo que nos hemos puesto una máscara.

En principio sufriremos un rechazo, intentaremos abordar lo sucedido, aceptarlo, pero nos sentiremos tentados a escapar de ello.

Sin embargo, si perseveramos, si analizamos todo aquello que está en nosotros y empezamos a deshacerlo, al mismo tiempo que lo aceptamos, conseguiremos eliminarlo.

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Las máscaras son la opción fácil para no enfrentarnos a lo que tanto dolor nos ha causado. Sin embargo, vivir con ellas puede hacer que nos perdamos y que nunca logremos ser felices.

A veces necesitaremos buscar ayuda, porque liberarnos de estas máscaras por nosotros mismos no suele ser algo fácil.

Imagínate cuando te encuentres con tu “yo” de nuevo. ¿Sabes de lo que vas a ser capaz? Serás imparable, el equilibrio se instalará en ti y todo fluirá tal y como debe ser.

Si alguna vez te has sentido desconectado contigo mismo, es el momento de enfrentarte a esa máscara que cada día te pones.