Soy esa mujer que ya no necesita demostrar nada

Llega en momento en el que ya no necesitamos demostrar nada. Aquellos que nos quieran lo harán aceptando nuestras virtudes y defectos y no pondrán trabas a nuestra felicidad

Estamos seguros de que también tú has llegado a ser esa mujer valiente, enérgica pero de corazón tranquilo que ya no necesita demostrar nada a nadie porque sabe quien es.

Porque sabe todo lo que vale.

Tal y como suele decirse, las personas nobles llegan a este mundo para “ser” y para “dejar ser”, y lo hacen sin perderse a sí mismas en los otros y, a la vez, dejando que los otros sean libres en sus caminos, esencias y libertades.

Llegar a ser aquello que de verdad sentimos, sin presiones ajenas, sin miedo a las críticas o sin el temor a quedarnos solos por tener voz y deseos propios, es algo que cuesta alcanzar. No es fácil.

Hoy en nuestro espacio te invitamos a reflexionar sobre ello y a que, si no lo has hecho ya, si no has dado el paso hacia esa libertad libertad personal, te animes a hacerlo.

Es un movimiento que merece la pena provocar, que te ofrece alas y gratas felicidades.

Sé quien soy, sé lo que quiero. No necesito demostrar nada

Cuántas veces habrás llorado en silencio por cada una de tus renuncias, por tantas decepciones vividas al lado de personas que, aun haciéndote daño, te decían que te amaban, que lo eras todo para ellas.

  • La familia o nuestras parejas pueden llevarnos, en ocasiones, hasta situaciones extremas que nos colocan entre la espada y la pared.

Los chantajes emocionales, los reproches, o la obligación de complacerles nos aleja de nuestro propio ser. Quiebra nuestra autoestima.

  • Cuando nuestra autoestima se deshilacha lo perdemos todo. Es como perder el horizonte, como dejar de ver esa luz en nuestros días donde reconocernos a nosotras mismas, recordar qué era lo que nos gustaba, cuáles eran nuestros valores.

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En el momento en que nos decimos a nosotras mismas “basta” y “hasta aquí hemos llegado”, acontece de pronto esa tranquilidad de espíritu que nos permite centrarnos. Encontrar el equilibrio.

  • El equilibrio personal está en dejar a un lado la necesidad constante de demostrar cosas.

De ofrecer amor sin recibir nada, de esbozar una sonrisa cuando lo que sentimos es dolor, de demostrar que somos como los demás esperan cuando, en realidad, somos todo lo contrario.

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Quiéreme por lo que soy, es lo único que te pido

En efecto, si pudiéramos definir el amor de algún modo, sería el siguiente: es la búsqueda de una conexión emocional con otra persona donde ser pareja sin dejar de ser uno mismo.

Es construir una relación que nos ofrezca seguridad, felicidad y crecimiento personal.

  • El amor nunca nos debe obligar a demostrar nada que no somos. Si te demandan que seas solícita, que cumplas cada deseo, que encajes en ese modelo de “mujer” que esa persona tiene en mente, entonces esa relación ni es sincera ni saludable.
  • El amor auténtico y maduro nos ama por lo que somos y refuerza cada uno de nuestros valores, nuestros sueños y pensamientos. No hay vulneración, sino un espacio común de respeto y crecimiento.

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Si no te quieren como eres, por tus opiniones, por tus virtudes e incluso por tus defectos, entonces deberás tomar algún tipo de decisión.

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Soy la dueña de mis días y de mis deseos

Es posible que durante mucho tiempo hayas vivido supeditada a los deseos de otros, a caprichos ajenos, a voluntades que se alejaban por completo de tu esencia.

Aunque queda claro que ninguno de nosotros podemos ser nunca verdaderamente libres, algo de lo que todos tenemos derecho a disfrutar es, ante todo, de paz interior.

  • Siempre llega un momento a lo largo de nuestros ciclo vital en que, por fin, tomamos conciencia de lo que es importante.

Ya estamos cansadas de “encajar”, de decir que sí cuando queremos decir no, de alargar las cosas un poco más para ver si mejoran.

Al final, llega un día en que, simplemente, nos cansamos. Es entonces cuando se inicia el motor del cambio y nos decimos a nosotras mismas aquello de  “basta ya de demostrar aquello que no somos”.

  • Ya no voy a demostrar complacencia cuando alguien haga algo que me molesta. No voy a callarme ante lo que me enoja o me hace daño.
  • Ya no voy a fingir que me cae bien todo el mundo solo “por encajar”.
  • Ya no voy a intentar ser la mujer perfecta, la esposa perfecta o la madre perfecta. Tengo derecho a decir “hoy no puedo más”, “hoy voy a tomarme un día para mí misma”, “hoy necesito que tú me apoyes al igual que yo lo he hecho siempre contigo”.
  • Ya no voy a aparentar estar alegre ante el mundo cuando lo que siento es tristeza.

Tengo derecho a sanarme, a abrazar mis demonios para comprenderlos y, después, salir fortalecida de este proceso. Tengo derecho a cambiar “mi piel” cuando lo crea necesario.

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Tienes la obligación de sanarte como mujer para ser tú misma, sin ataduras, sin la obligación y el deber de hacer felices a todos cuando tú no lo eres.

Puedes y debes decir basta. Mereces tus espacios personales y esa libertad en la cual alcanzar tus propios sueños.