Soy esa mujer que ya no necesita demostrar nada

Valeria Sabater·
20 Septiembre, 2020
Llega un momento de la vida en el que ya no necesitas demostrar nada. Aquellos que te quieran lo harán aceptando tus virtudes y defectos y no pondrán trabas a tu felicidad.

Quizás también tú has llegado a ser esa mujer valiente, enérgica, pero de corazón tranquilo que ya no necesita demostrar nada a nadie porque sabe quién es; porque eres consciente de todo lo que vales.

Las personas nobles y fuertes llegan a este mundo para «ser» y para «dejar ser». Lo hacen sin perderse a sí mismas en los otros y, a la vez, dejando que los otros sean libres en sus caminos, esencias y opciones.

Es importante llegar a ser aquello que de verdad deseas. Sin presiones ajenas, sin miedo a las críticas o sin el temor a quedarte sola por tener voz y deseos propios. Sin embargo, es algo que cuesta alcanzar: no es fácil.

En nuestro espacio te invitamos a reflexionar sobre ello. También a que si no has dado el paso hacia esa libertad personal, te animes a hacerlo. Es un movimiento que vale la pena realizar, porque que te ofrece alas y gratos logros.

Sé quien soy, sé lo que quiero. No necesito demostrar nada

Tal vez has llorado en silencio porque has tenido que renunciar a algo importante; o por decepciones vividas al lado de personas que, aun haciéndote daño, te decían que te amaban, que lo eras todo para ellas.

  • La familia o las parejas pueden llevar, en ocasiones, hasta situaciones extremas que te ponen entre la espada y la pared.

Los chantajes emocionales, los reproches, o la obligación de complacerles te aleja de tu propio ser. Quiebra tu autoestima.

  • Cuando tu autoestima se debilita, todo se vuelve más difícil. Es como perder el horizonte; como dejar de ver esa luz que te permite reconocerte a ti misma. En esos casos te cuesta recordar qué era lo que deseabas y cuáles eran tus valores.

En el momento en que te dices a ti misma: «basta» o «hasta aquí he llegado», emerge de pronto esa tranquilidad de espíritu que te permite centrarte y encontrar el equilibrio.

  • El equilibrio personal está en dejar a un lado la necesidad constante de demostrar cosas.

De ofrecer amor sin recibir nada, de esbozar una sonrisa cuando lo que se siente es dolor; de demostrar que eres como los demás esperan cuando, en realidad, esto no tiene nada que ver contigo.

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Quiéreme por lo que soy, es lo único que te pido

En efecto, si se pudiera definir el amor de algún modo, sería el siguiente: es la búsqueda de una conexión emocional con otra persona, en la que se es pareja sin dejar de ser uno mismo.

Es construir una relación que ofrezca seguridad, felicidad y crecimiento personal.

  • El amor nunca te debe obligar a demostrar algo que no eres. Si te demandan que seas solícita, que cumplas cada deseo, que encajes en ese modelo de «mujer» que esa persona tiene en mente, entonces esa relación ni es sincera, ni saludable.
  • En un amor auténtico y maduro te aman por lo que eres. La relación refuerza tus valores, tus sueños y pensamientos. No hay vulneración, sino un espacio común de respeto y crecimiento.

Si no te quieren como eres, por tus opiniones, por tus virtudes e incluso por tus defectos, entonces quizás sea hora de tomar una decisión de cambio.

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Soy la dueña de mis días y de mis deseos (y no necesito demostrar nada)

Es posible que durante mucho tiempo hayas vivido supeditada a los deseos de otros; a caprichos ajenos o a voluntades que se alejaban por completo de tu esencia.

Aunque queda claro que nadie puede ser totalmente libre, todo el mundo tiene derecho a disfrutar de un bien muy valioso: la paz interior.

  • Siempre llega un momento a lo largo de tu ciclo vital en el que, por fin, tomas conciencia de lo que es importante.

En ese punto te cansas de «encajar», de decir que sí cuando quieres decir no; de alargar las cosas un poco más para ver si mejoran. Al final, llega un día en que, simplemente, te cansas.

Es entonces cuando se activa el motor del cambio. Te dices a ti misma: «Basta ya de demostrar aquello que no soy».

  • Ya no voy a demostrar complacencia, cuando alguien haga algo que me molesta. No voy a callarme ante lo que me enoja o me hace daño.
  • Ya no voy a fingir que me cae bien todo el mundo, solo «por encajar».
  • Ya no voy a intentar ser la mujer perfecta, la esposa perfecta o la madre perfecta. Tengo derecho a decir «hoy no puedo más». También «hoy voy a tomarme un día para mí misma», «hoy necesito que tú me apoyes al igual que yo lo he hecho siempre contigo».
  • Ya no voy a aparentar estar alegre ante el mundo cuando lo que siento es tristeza.
  • «Tengo derecho a sanarme, a abrazar mis demonios para comprenderlos y, después, salir fortalecida de este proceso. Tengo derecho a cambiar «mi piel» cuando lo crea necesario».
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Recuerda…

Tienes la obligación de sanarte para ser tú misma. Sin ataduras, sin la obligación y el deber de hacer felices a todos, cuando tú no lo eres.

Puedes y debes decir basta. Mereces tus espacios personales y esa libertad en la cual alcanzar tus propios sueños.

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  • Matud, M. P. (2004). Autoestima en la mujer: un análisis de su relevancia en la salud. Avances en psicología latinoamericana, 22(1), 129-140.
  • Paredes, H. B. (2017). Autoestima base de la salud mental en la mujer. Boletín Científico de la Escuela Superior Atotonilco de Tula, 4(8).