Yo también tuve una relación tóxica y dañina

Raquel Lemos 9 noviembre, 2016
No es malo darse cuenta de que estamos en una relación tóxica. Sí lo es no querer cambiar la situación por miedo o dependencia. Todos nos merecemos ser felices, sin condiciones

Yo también tuve una relación tóxica y dañina que me anuló como persona y que destrozó todo lo bueno que había en mí. Fíjate que era una situación tan venenosa que llegué a creer que toda la culpa la tenía yo.

Suelo comparar una relación tóxica con la adicción a una droga. Aunque sepas que te hace mal, que no es positiva para ti, de alguna forma, terminas justificando su consumo.

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Sería hipócrita afirmar que de esto se puede salir fácilmente. No es así. No son días, ni meses… A veces, pasan años hasta que eres capaz de abrir los ojos, perdonarte y seguir adelante.

Cuando llega ese momento, te das cuenta de que no ha sido tan difícil como pensabas. Sin embargo, algo en ti te forzaba a mantenerte en esa circunstancia tan desagradable.

Una relación tóxica te anula por completo

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No podemos reducir las relaciones tóxicas a un solo tipo, pues son muchas y diferentes las clases que existen.

Aquí te presentamos algunos ejemplos:

  • Relación tóxica por dependencia: La persona no puede vivir sin su pareja, por eso busca constantemente un compañero. Sin él, se siente vacía y su vida no tiene sentido.
  • Relación tóxica por maltrato: Uno de los miembros de la pareja sufre abusos físicos o maltrato psicológico por parte del otro. La víctima cree que todo es culpa suya.
  • Relación tóxica basada en la mentira: Sin confianza una pareja no puede seguir adelante, a menos que uno de los miembros no se de cuenta de las mentiras (o sí lo haga, pero las acepte).
  • Relación tóxica basada en la idealización: Tarde o temprano la persona que colocamos en lo más alto, se cae. Surgen, entonces, las decepciones, desilusiones y desencantos.
  • Relación tóxica basada en la absorción: También denominados “ladrones de energía“, aquellas personas que se acercan a ti, absorben todo lo bueno que tienes y, cuando acaban, te abandonan.

En todos estos tipos de relaciones tóxicas la víctima eres tú. Te rompes, te destrozas, te resquebrajas por dentro hasta que quedas anulado. De esta manera, la otra persona puede manipularte.

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Dejas de saber quién eres, para empezar a ser lo que la otra persona quiere. Te has olvidado de ti; incluso has perdido el respeto que antes te tenías. Es el momento de recuperarlo, ¿no crees?

De una relación tóxica se puede salir

Como bien hemos dicho, se puede salir de una relación tóxica. El gran problema es que esto no será un cambio drástico e inmediato. Necesita de su propio tiempo.

Has vivido bajo el yugo de la persona que has querido durante una prolongada etapa. Una dinámica de vida que se ha impregnado muy bien en ti.

Salir de ella es difícil, pero no imposible. Simplemente, necesitas ser consciente de algunas cosas.

Para empezar, debes darte cuenta de que estás en una relación tóxica. No te encuentras a gusto, ves con tus propios ojos cómo tu pareja te miente, te manipula o que dependes de ella…

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Una vez hecho este gran paso, que no es tan fácil como parece, es el momento de concienciarnos de que esto tiene que cambiar.

No sabemos cuándo sucederá porque, aunque ponemos todo nuestro empeño, caemos una y otra vez en lo mismo.

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Sin embargo, nuestro subconsciente ya ha asimilado que esta situación no será para siempre. Algún día, no muy lejano, llegará su fin.

Pero, esto no lo es todo. Necesitas ir labrando un camino con tus actitudes, y no aceptando lo que hasta el momento has aprobado. Así que, ¡manos a la obra!

El camino hacia la esperanza

Decía al principio que yo tuve una relación tóxica y dañina. No obstante, al igual que yo, también la han padecido muchas otras personas.

Una relación basada en la dependencia que hizo que toda mi felicidad, alegría y motivación estuviesen en manos de otro individuo.

El vínculo con mi pareja se tornó un círculo vicioso repleto de negatividad. No había salida posible, aunque yo vislumbraba una pequeña y tenue luz de esperanza muy de vez en cuando.

Pasé una larga época bajo el yugo de la ansiedad, desesperada por llevar a cabo aquello que, desde una distancia prudente, veía cierto y claro.

Fue el tiempo el mejor de mis aliados. El día menos pensado todo se terminó. Me levanté de la cama con un aire nuevo, renovado.

El calvario en el que me sumergí llegó a su fin.

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No tengas miedo a estar en una relación tóxica. Al igual que cometemos errores, podemos caer en vínculos dañinos en los que, sin querer, nos vemos implicados.

Sé consciente de lo que ocurre e intenta aprender de ello. No tengas prisa, que toda enseñanza requiere de su propio tiempo.

Al final, abrirás los ojos y podrás empezar de nuevo.

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