El peligro de las grasas trans artificiales

El peligro de las grasas trans artificiales
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¿Quién no ha preferido untar el pan con margarina en lugar de mantequilla durante una dieta? Durante años se ha difundido que el aceite vegetal es mucho más sano que el de origen animal, especialmente para el colesterol.

Esto sería verdadero si los procesos industriales por los que pasan las grasas vegetales para aumentar su duración y darles solidez no las transformasen. Pero las convierten en “grasas trans” y a sus propiedades beneficiosas y a sus ventajas en lo contrario.

Esto no sucede con todas las grasas vegetales ni todos los productos, pero en la etiqueta muchas veces no se advierte claramente que es una grasa vegetal trans (grasa vegetal hidrogenada), incluso enfatizan que está elaborado con grasa vegetal como una ventaja para una ¿¿dieta sana?? .

Este tipo de grasa “artificial” propicia la formación de placas de colesterol en las arterias (grasa aterogénica) en un grado muy superior a las grasas de origen animal (grasas saturadas), con lo que incrementan enormemente el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

Es importante consultar las etiquetas si se consumen determinados productos con frecuencia. Según los criterios de la Organización Mundial de la Salud, el consumo de grasas trans debe representar menos del 1% de las calorías diarias ingeridas.

Las grasas trans se encuentran con frecuencia en snacks y aperitivos salados, productos precocinados, galletas, margarinas y bollería industrial.

Una forma muy simple de explicar para qué se transforman los aceites vegetales es que estos a temperatura ambiente son líquidos, pero necesitamos volverlos sólidos para, por ejemplo, tener un cubito de margarina que poder untar.

Una breve explicación química

Más en detalle, los ácidos grasos trans son ácidos grasos insaturados hidrogenados. Provienen en mayor porcentaje, de forma no natural, de aquellos aceites que mediante procesos industriales se hidrogenan con el fin de proporcionarles mayor estabilidad y solidez y así poder ser usadas industrialmente con mayor facilidad. La grasa vegetal antes de su tratamiento es totalmente inofensiva (grasas cis), pero se convierte en un peligroso veneno (grasas trans) cuando es sometida a estos tratamientos industriales para su refinación, mayor durabilidad, solidez y su incremento de sabor.

El abuso publicitario

Se menciona, en los ingredientes de los alimentos, que contienen aceites vegetales, pretendiendo así una mayor calidad alimenticia. Pero, al omitir que el proceso de hidrogenación  al que son sometidos los aceites vegetales los  transforman en ácidos grasos trans, con sus consiguientes efectos perjudiciales, están causando un enorme daño a la población que, ingenuamente ha desviado el consumo, por ejemplo, de las mantequillas elaboradas con leche entera de vaca sin procesar, a las margarinas, elaboradas con aceites vegetales hidrogenados, esto es, grasas trans artificiales.

La legislación en muchos países prohíbe su uso en pastelería y bollería industrial, pero no sucede así en todos, y en países del primer mundo está ocasionando una epidemia de trastornos y problemas asociados a la obesidad y al colesterol, con los consiguientes riesgos cardiovasculares. Incrementan la concentración de colesterol “malo” (LDL) en la sangre, al mismo tiempo que reducen las concentraciones del colesterol “bueno” (HDL). Todo ello sin que el consumidor final se entere, confiado en la seguridad que le brinda la etiqueta de 100% vegetal.

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Además, los ácidos grasos de tipo trans pueden inhibir algunas transformaciones de otros ácidos grasos esenciales, retrasando el crecimiento y la maduración del cerebro. Y es que las grasas son una parte esencial de las membranas celulares del organismo, y la presencia de grasas trans en lugar de las adecuadas (grasas cis) puede llevar al organismo a construir neuronas y paredes celulares defectuosas.

Diversos estudios confirman que el riesgo de sufrir enfermedades coronarias es un 66% mayor entre consumidores habituales de margarina que entre quienes no la consumen.

¿Qué podemos hacer?

La única solución es disminuir el consumo de este tipo de grasas artificiales. Esto no debe resultar excesivamente traumático puesto que la mayoría de estas grasas malas se encuentran en dulces y comidas del tipo “me apetece algo dulce”, que no son de primera necesidad, como la margarina, las galletas y repostería industrial, los helados, etc., fabricados con aceite vegetal refinado.

Estudios científicos de última hora

En un estudio publicado en el New England Journal of Medicine, se demostró que las personas que ingerían mayor cantidad de grasas vegetales hidrogenadas, tenían el doble de probabilidad de sufrir un infarto de miocardio. Se estima que cada año podrían morir unas 30.000 personas en EEUU únicamente a causa de las grasas trans.

Entre los últimos datos científicos, se ha demostrado que este tipo de grasas no solamente afectan a los adultos, sino también a los niños e inclusive a los embriones y fetos.

En la Universidad de Maryland, la Dra. Beverly Teter ha podido constatar la reducción de la leche materna en ratones criados con margarinas industriales, lo que lo relaciona con determinados trastornos de la lactancia humana en madres en cuya dieta están presentes en alto contenido, motivando la imposibilidad de dar el pecho más allá de las dos o tres semanas después del parto.

Además, se ha encontrado una relación con un menor peso del bebé en el nacimiento, como lo indica los estudios del Dr. Gerald Hornstra de la Universidad de Limburg en Maastricht.

Atención al cocinar en nuestro hogar

La mayor parte de las fuentes de grasas trans provienen de las elaboradas industrialmente, pero en la casa también podemos “fabricarlas” cuando cocinamos las grasas vegetales más allá de ciertos límites. Por ejemplo, cuando freímos el aceite de oliva, si la temperatura de éste supera los 180ºC y lo reutilizamos más de tres o cuatro veces. Al “quemarlo” modificamos su estructura, oxidándolo y descomponiéndolo de manera que transformamos sus ácidos grasos en trans.

TOP TEN. Los “diez más dañinos”

Vamos a dar una lista de los “diez más peligrosos”, para que podamos hacer una selección de los alimentos que compramos e ingerimos, sin olvidarnos que consumir más de 5 gramos de esta grasa se considera ya muy peligroso:

  • Patatas fritas (150 g): .7 gr. de grasas trans.
  • Bollo industrial (1 unidad): 5-6 gr. de grasas trans.
  • Hamburguesa industrial (200 gr.): 3 gr. de grasas trans.
  • Quesito (1 unidad): 2,2-5,2 gr. de grasas trans.
  • Magdalena industrial (1 unidad): 1-2,1 gr. de grasas trans.
  • Galletas industriales (2 unidades): 1,3 gr. de grasas trans.
  • Margarina (1 cucharada): 0,9 gr. de grasas trans
  • Panecillo comercial (1 unidad): 0,85 gr. de grasas trans
  • Una barra de chocolate (80 gramos): 0,75 gramos de grasas trans.
  • Barrita de cereal (1 unidad ): 0.4 gr de grasas trans.