Lo que te hace diferente también te hace especial

4 noviembre, 2015
Debemos procurar que nuestras diferencias sirvan de ejemplo al resto y nos ayuden a mejorar. Asimismo, también podemos crecer con lo que otros nos aporten

Lo que tienes de diferente, te hace único y, por tanto, especial. ¿Qué sería de este mundo si todos fuéramos clones unos de otros? Unos mismos pensamientos, unas mismas actitudes y unos mismos cuerpos definirían en realidad una sociedad vacía y falta de espontaneidad, de magia y creatividad.

Es posible que llegaras al mundo con un rostro poco armónico, o con demasiadas pecas, o con una nariz muy marcada, o  unas piernas demasiado largas.

Puede que siempre hayas sido demasiado delgado, o que esos kilos de más que has heredado de tu familia te hayan caracterizado toda tu vida.

Hay quien piensa que todas estas características físicas “les hacen ser diferentes” pero, en realidad, lo que de verdad nos hace diferentes y únicos es de qué modo asumimos estas particularidades. Y de ahí nuestra valía y nuestra grandeza.

Porque ser diferente no debe ser sinónimo de exclusión. Reflexionemos hoy sobre ello.

Cuando ser diferente marca la diferencia

lo que te hace diferente también te hace especial

Es muy común que veamos a nuestros adolescentes esforzándose cada día por ser iguales al resto, igual a sus compañeros de clase. Visten de modo similar, comparten la misma música, admiran a los mismos artistas…

En ocasiones, llegan a “diluirse” tanto unos con otros que es complicado diferenciarlos. Sienten la necesidad de formar parte del grupo, y con ello evitar ser señalados. Ahora bien, ello implica en ocasiones otras consecuencias:

  • Estar determinados por el grupo.
  • Sentir ansiedad y sufrimiento cuando no pueden conseguir las mismas cosas o cumplir los mismos patrones estéticos y físicos.
  • Se defiende la idea de que ser diferente es sinónimo de rareza, de defecto y, por tanto, de exclusión.

No es algo saludable, ni física ni emocionalmente. De ahí los problemas de autoestima tan comunes entre los más jóvenes, en especial cuando están tan mediatizados por las modas. Es necesario pues mantener un adecuado equilibrio:

  • Estar bien con un mismo es siempre el principal valor al que debemos aspirar.
  • Aceptarse como uno es, ya sea físicamente o por nuestro carácter, implica también que es necesario entrar en unas normas adecuadas de salud. Es estar bien por dentro y por fuera.
  • Nadie, ni siquiera la propia sociedad con sus modas, tiene derecho a decirnos que ser diferente está mal.

Para ser irremplazable uno debe esforzarse por ser diferente.

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Coco Chanel

Quienes entienden de belleza suelen comentar que el auténtico atractivo esté precisamente en algún rasgo que rompa la armonía.

Unos pómulos marcados, una nariz aguileña, unos dientes torcidos o unas caderas anchas, por ejemplo, marcan esa diferencia respecto al resto que nos hace ser únicos, nosotros mismos. Ser diferente en algo te da carácter.

Ser diferente en un mundo que cae en el vacío de la homogeneidad

mujer en playa
¿De qué nos sirve en realidad ser todos iguales? Uno de nuestros objetivos como personas es, sin duda, el de dejar huellas. Debemos marcar a los que nos rodean y ser ejemplos de los que aprender, también para la propia sociedad.

Debemos ser capaces de aportar nuevas ideas con las que enriquecernos para seguir avanzando.

  • Quien es capaz de ir más allá de lo esperable, de esos moldes que nos impone la sociedad, adquiere unas estrategias personales que lo ayudan a sobresalir del resto, a ser más valientes y a dar ejemplo.

En ocasiones, no es fácil ser diferente. Eso es algo que todos tenemos claro. Y por ser diferente no nos referimos solo a la clásica imagen de tener unos kilos de más.

  • Quien piensa de forma alternativa también es diferente.
  • Quien hace las cosas de una forma poco habitual también es etiquetado como diferente.
  • Vestir de forma alternativa, mantener otras costumbres, ser siempre sincero, o incluso querer para nuestros hijos otras cosas distintas a las esperables, hace en ocasiones que nos señalen con el dedo. Que nos hagan sentir diferentes.

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Ahora bien, nunca debemos dejarnos llevar por esas críticas ni sentirnos afectados. Si nos rendimos, o más aún, nos autoconvencemos de que ser diferentes es algo malo o no recomendable, lo perderemos todo.

  • No pierdas jamás tu facultad para pensar de forma crítica, para ir un paso más allá de lo esperable.
  • Intenta tener un impacto positivo en cada día de tu vida. Si te animas a ello, conseguirás pequeños triunfos y poco a poco te sentirás mejor contigo mismo.
  • Asume tus limitaciones, entiéndelas y afróntalas. Comprende que las auténticas limitaciones estarán siempre en nuestra mente y que, si somos capaces de cambiar nuestros pensamientos, cambiará también nuestra actitud hacia la vida.
felicidad (1)
Ser diferente y saberse diferente es la mayoría de las veces una oportunidad. Nos permite aprender mucho más de nosotros mismos, y eso es algo de lo que no todo el mundo es capaz. Vale la pena ponerlo en práctica y aceptarnos cada día de nuestra vida, intentando ser felices en cada cosa que hagamos.

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Quien no se acepta a sí mismo y ansía convertirse en aquello que le impone la sociedad, es el auténtico desterrado. El auténtico diferente.

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