Somos de quien permitimos que nos conozca de verdad

Los humanos somos seres sociales. De ahí que necesitamos tanto relacionarnos, crear vínculos con otras personas. Pero, para que esos lazos sean de calidad, hay que invertir primero en amor propio.

Somos de quien hemos dejado que nos conozca de verdad. Somos de esa persona con quien podemos desnudarnos emocionalmente. Ante ella, no tenemos miedos ni prejuicios ni temor a ser juzgados o traicionados.

Esa complicidad es el pilar en el que se asienta el compromiso. Esa intimidad es nuestro refugio, el lugar donde sentirnos seguros. Esta sintonía es un bien tan raro como necesario. De ahí que el otro artífice de esa relación tenga que ser alguien verdaderamente especial, una persona significativa en nuestra vida.

Por supuesto, no hablamos solo de las relaciones de pareja. También, de las mejores amistades, ante quienes podemos mostrarnos tal y como somos. Esto quiere decir que dejamos al descubierto a veces, incluso, la parte más oscura de nosotros mismos. Aspirar a este tipo de vínculo de calidad emocional y lograrlo, revierte de forma muy positiva en nuestra salud. También beneficia nuestro bienestar personal, así como nuestra resiliencia.

Quien te aprecie de verdad debe respetar tus luces y tus sombras

mujer viendo pájaros volar esperando que alguien la conozca

Conocer a alguien de verdad no es algo que se consiga de un día para otro. En ocasiones, no basta la vida entera. Hay familias de varios miembros que conviven durante años bajo el mismo techo. Sin embargo, apenas se conocen.

  • No basta solo con tener a una persona al lado para saber cómo es. Antes bien, esto es algo que requiere de mucha paciencia y observación, una vez que existe la voluntad de conocerse mutuamente.
  • Mas, el interés o la voluntad de entendimiento tiene que estar precedido siempre por la confianza.
  • La confianza, a su vez, es como un regalo. Solo se consigue si nos sabemos apreciados. O sea, cuando percibimos que la otra persona no nos va a sancionar o a criticar por lo que somos, por lo que nos gusta, por lo que nos define.
  • La persona que nos conozca de verdad habrá visto en algún momento nuestros demonios. Esos puntos oscuros, débiles y poco agradables que a algunos asusta. Y que otros, por el contrario, están dispuestos a aceptar a cambio de ser merecedores de nuestra confianza y aprecio. En cierto modo, es un contrato, un acuerdo.

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Eres de esa persona que te quiere libre pero que camina a tu lado

pareja abrazada en un balcón

Las personas no nos pertenecemos, sino que creamos vínculos basados en la reciprocidad y en el compromiso con aquellos seres que nos son significativos.

  • Aunque compartamos espacios, momentos, ideas y valores, cada uno de nosotros dispone, a su vez, de sus propias alas para crecer personalmente. Es decir, debemos tener un espacio en el que realizarnos como personas autónomas.
  • Esa dimensión íntima debe ser respetada por los demás. Por tanto, las personas a las que nos entregamos emocionalmente no deben burlar nunca esa frontera. Por el contrario, deben saber crear un “nosotros”, pero dejando espacio también al “yo” individual, privado.

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Si quieres conocerme de verdad, demuéstrame que me mereces

En ocasiones, cometemos errores. ¿Quién no ha lamentado alguna vez haber confiado en alguien que merecía su confianza?

  • Y es que esas experiencias un tanto amargas también se aprende. De ellas siempre se puede extraer conclusiones útiles con el fin de ser siempre más prudentes.
  • Tampoco se trata de cerrarnos a cualquier relación o desarrollar una especie de desconfianza crónica. Es preciso conservar la ilusión de encontrar el amor o la amistad a la que aspiramos. Este es un aspecto en el que conviene ser exigentes. Solo así estaremos a salvo.

Los humanos somos seres sociales. De ahí que necesitamos tanto relacionarnos, crear vínculos con otras personas. Pero, para que esos lazos sean de calidad hay que invertir primero en amor propio.

  • Si yo no me quiero como merezco, no sabré poner los filtros ni los límites necesarios. Esta es la única guía con la que podemos orientarnos para saber a quién darle la oportunidad de conocernos mejor.

No hay recetas para conseguir esta habilidad, sino que llega con el tiempo. De ahí que no haya que lamentarse de los errores del ayer, puesto que tienen un sentido. Comportan un aprendizaje necesario para entrenar esta competencia relacional. Es sano e, incluso, necesario abrir las puertas a alguien que nos parece ser merecedor de esa confianza, a riesgo de que luego demuestre lo contrario.

Amistad, divino tesoro

flor

Lo que se quiere se cuida. Y, lo que se cuida, perdura.

  • Por tanto, si tienes a tu lado a esa persona o personas especiales que conocen tus luces y tus sombras, no te olvides de recordar que también ellos merecen lo mismo.
  • También esas personas nos eligieron en un momento dado, también ellas son nuestras y nosotros somos de ellas.

Compartimos nuestras alegrías, sueños, anhelos y tristezas nos ayuda a hacer frente a las preocupaciones, a aplacar miedos, a llenar vacíos. Es decir, dar forma a una vida en armonía, donde todos ganemos.

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Nunca renuncies a hallar a esos seres especiales, esos amigos del alma, compañeros de viaje o amores con los que construir la auténtica felicidad.

  • Barry, W. J. (2012). “Challenging the Status Quo Meaning of Educational Quality: Introducing Transformational Quality (TQ) Theory”, Educational Journal of Living Theories, 4: 1-29.
  • Goleman, D. (2001). Inteligencia emocional.Barcelona: Kairós.
  • Gutiérrez, R. (2002). Introducción a la Ética. México: Esfinge.
  • Yurén Camarena, M. T. (1995). Eticidad, valores sociales y educación. México: Universidad Pedagógica Nacional.