Las buenas personas escondemos muchas heridas, pero jamás nos rendimos

Valeria Sabater 27 octubre, 2016
No debemos confundir el ser buenas personas con dejar que se aprovechen de nosotros. Si notas algún abuso, aprende a poner distancias y a proteger tu integridad

Las buenas personas son algo más que un pilar en la familia, que un aliado eterno en el grupo de amigos o un faro de luz en nuestras sociedades complejas.

Son un reto para ellas mismas porque, por encima de todo, deben afrontar decepciones, alguna traición y la idea de que no todos ven y sienten el mundo desde su propio punto de vista.

No es fácil. Sin embargo, y esto hemos de dejarlo claro, no se trata en absoluto de creer que las personas estamos divididas en dos categorías: las buenas y las malas. No es así.

Se trata solo de entender que hay un tipo de personalidad donde se enhebran distintos rasgos, distintas cualidades que hacen únicos a ciertos individuos.

Son aquellos que ven el mundo desde el corazón. A su vez, se alzan como los más sensibles, pero los que atesoran mayor coraje.

Son fieles a sus esencias y a menudo, se les tacha de ingenuos por confiar demasiado, de débiles por darlo todo a cambio de nada.

Es cierto que esconden muchas heridas, marcas que son ya cicatrices. Sin embargo, las buenas personas no se rinden ni desean cambiar su actitud. No lo hacen porque no pueden ser de otro modo; nadie puede arrancar sus raíces así como así.

A continuación, te explicamos de qué manera puedes afrontar tu día a día si también tú te identificas con este perfil.

Las buenas personas deben cuidar de su integridad emocional

mujer en barca

Un aspecto curioso y que experimentan las buenas personas cuando sufren una decepción es atribuirse la culpa.

Si alguien me traiciona, el culpable soy yo por esperar demasiado de los demás o por dar toda mi confianza sin cuestionar nada.

  • Poco a poco, se focaliza cada pequeña espina, cada dolor y cada decepción sufrida en el propio corazón, en ese arcón personal que es la autoestima.
  • En caso de atribuir a uno mismo cada desaire o cada fracaso, al final se crea una autoimagen muy negativa cuando, en realidad, quien ofrece cariño, apoyo y positividad no debería llegar nunca a esta conclusión.
  • Hemos de gestionar de forma adecuada cada una de nuestras realidades, las positivas y las negativas para mantener siempre un adecuado equilibrio interior. 

Lee también “tú no eres el problema, el problema es tu autoestima”

Porque, de lo contrario, en lugar de héroes seremos víctimas, y cuando quienes nos rodean nos vean de este modo, lo más probable es que aprovechen esta situación en beneficio propio.

El arte de cultivar el amor propio

regar amor

El amor propio es un tendón psíquico y emocional que nos confiere fuerza y dignidad. Piensa en él como en tu propio esqueleto. Gracias a él te mantienes en pie, te mueves por el mundo con fortaleza y armonía.

  • Si se rompe un hueso, no solo sientes dolor, sino que, además, dejas de avanzar e incluso corres el riesgo de empezar a depender de otros.
  • Las buenas personas deben cuidar de su amor propio. Para lograrlo es necesario aprender a dar negativas cuando no deseamos algo, cuando no podemos llegar hasta donde nos exigen.
  • A su vez, la bondad no está reñida con la dignidad. Si sabemos que somos víctimas de la manipulación o el egoísmo, tenemos el derecho y el deber de protegernos. De alzar empalizadas.

Lee también “te quise hasta que mi dignidad dijo: no es para tanto”

Las cicatrices que escondes perfilan lo que eres ahora

mujer-con-pajaros pensando en las buenas personas

Te han hecho daño muchas veces. Es posible incluso que nunca hayas compartido con nadie todas esas decepciones vividas.

  • Hemos de aprender a gestionar estas situaciones, estas heridas emocionales.
  • Si alguien nos decepciona, no te atribuyas la culpa. Entiende solo que no todas las personas pueden ser como uno quiere o desea.
  • Está claro que sentiremos dolor, que la decepción marca. Sin embargo, cuanto antes pasemos página, mucho mejor
  • De las cicatrices se aprende a ver las cosas de forma más nítida. A ser más prudentes, a no darlo todo a cambio de nada, a no abrir nuestro corazón sin más a quien aún no nos ha demostrado nada con autenticidad.

Nunca te rindas, nunca pierdas tus raíces

  • Las buenas personas no pueden ser otra cosa más que lo que son: corazones atentos a quienes les rodean, preparados para ayudar, para dar felicidad.
  • Es así como se sienten bien, es así como entienden la vida. Quizá por ello, sienten tanto dolor cuando se les hace un vacío, cuando no se aprecia su presencia, sus esfuerzos, su dedicación.
  • No obstante, nunca deben perderse las propias raíces. Hemos de entender que la bondad y la dignidad pueden ir de la mano.
  • Que dar un toque de atención para decir “¿por qué no me tienes en cuenta” o “me haces sentir un cero a la izquierda” no es actuar con egoísmo, es defendernos, es cuidar de nuestro amor propio.

En conclusión, nunca dejes de ser lo que sientes, lo que te define desde que tienes uso de razón. Eso sí, no olvides que nunca está de más poner límites, protegernos.

Te puede gustar