Somos una maravillosa casualidad llena de intención

Valeria Sabater 30 julio, 2016
Es más que probable que las personas que hoy en día consideramos más importantes en nuestra vida llegaran a esta de casualidad, pero la intencionalidad fue lo que hizo que se quedaran

Todo lo que nos ocurre cada día es una sutil combinación entre la casualidad y la intención. No obstante, mucha gente sigue creyendo en los hilos de la predestinación, y en ese destino que todo lo tiene previsto de antemano.

No es del todo cierto. Aún más, tampoco podemos entender nuestra vida según la vertiente más radical de la “ley de la atracción“, ahí donde basta con desear algo con intensidad para que el propio universo nos lo otorgue.

Todos nosotros somos el claro resultado de nuestra propia intencionalidad, combinada con los caprichos de la casualidad. Ahora bien, hay un aspecto que debemos tener claro: debemos ser receptivos.

Si el destino gusta de traernos esa casualidad en la que alguien interesante se sienta a nuestro lado, la magia no surtirá efecto si no lo vemos. Si no alzamos la mirada de nuestro móvil, y si no nos liberamos un momento de nuestras preocupaciones para sentirnos libres.

Para ver, descubrir y sentir.

Una casualidad es una oportunidad

Dicen los científicos que una casualidad es un caos que las personas no entendemos. En nuestra vida hay muchos detalles, muchos aspectos y vivencias que escapan a nuestro control.

Ahora bien, esa pérdida de control no debe asustarnos ni preocuparnos, porque es precisamente en esos momentos cuando se abren nuestras mejores oportunidades.

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Si lo pensamos bien, las  personas y cosas más maravillosas que tenemos ahora mismo con nosotros, llegaron precisamente por casualidad.

A continuación, te proponemos que reflexiones sobre estos aspectos.

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Estar receptivos a las oportunidades

Te invitan a una fiesta, pero decides no ir porque otro de los invitados no te cae demasiado bien. Estás en el trabajo y te proponen salir a comer en grupo pero, al final, declinas la oferta porque quieres adelantar cosas.

Un amigo te comenta que otro amigo suyo está interesado en ti. Ahora bien, tú eres algo tímida y le indicas que ese tipo de cosas y citas a ciegas no van contigo.

  • Si nos damos cuenta, cada día aparecen infinitas oportunidades para conocer gente nueva. Para dar, quizá, con esa persona especial que formará parte de nuestro destino. De la mitad de nuestro corazón.
  • Estar receptivos no significa en absoluto decir que sí a todo. Se trata, simplemente, de actuar de acuerdo a nuestras intuiciones y a nuestra personalidad.
  • Lo que se fuerza no sucede. El secreto está en dejarnos llevar, en no tener miedo a salir de nuestra zona de confort pero, a su vez, manteniendo un equilibrio con nuestra identidad.

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Las casualidades y las incertidumbres

Las personas nos vemos a nosotras mismas como seres racionales. Ahora bien, en realidad, somos criaturas puramente emocionales que no saben responder muy bien a la incertidumbre.

  • La casualidad ha hecho que conozcas a alguien en tus clases de yoga, de idiomas o de arte. Tu incertidumbre está en saber si será acertado o no hablar con él, en proponerle una cita…

¿Le gustaré o quizá me rechace?

  • De algún modo, todos nosotros vivimos rodeados de incertidumbres. No podemos dar nada por sentado pero, aún así, nos esforzamos para que cada día todo esté, más o menos, bajo nuestro control.
  • Todo ello explica por qué nos da tanto miedo “lanzarnos”, dar el primer paso, decir la primera palabra. No obstante, esos saltos al vacío tan arriesgados nos ofrecen en ocasiones increíbles resultados.
pareja-abrazada disfrutando de la casualidad

Las casualidades más bonitas de tu vida

Hagamos ahora un pequeño ejercicio de memoria. Las personas que están contigo y que más quieres… ¿De qué manera llegaron hasta ti?

  • Las casualidades más bonitas llegan de improviso, pero si se quedan a tu lado es porque hay voluntad. Hay una clara intención para que ese vínculo se cree.
  • Así pues, y si pensamos en ello, nos daremos cuenta de que el azar tuvo un gran peso. No hay duda, hizo que conocieras, seguramente, al amor de tu vida.

No obstante, es la “intención” la fuerza real que os unió, la que hizo que día a día os sintierais más cerca el uno del otro.

Las casualidades más bonitas de tu vida te las trajo el destino, pero tú propiciaste esa ocasión, esa casualidad. Tú elegiste tomar ese camino y arriesgarlo todo.

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Porque siempre hay cosas y personas que merecen que demos ese salto al vacío, ese acto de fe para intentar ser felices y, a su vez, dar felicidad.

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